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 Un hombre de leyenda, imagen del presente y el futuro

 

Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán

 

Un hombre hecho leyenda

 

Camilo Cienfuegos, quien fue uno de los últimos hombres aceptados en la expedición del yate Granma, llegaría a ser llamado por el Che «el más grande jefe guerrillero que dio esta Revolución»

 

Luis Hernández Serrano
serrano@juventudrebelde.cu
26 de Octubre del 2009

 

Camilo Cienfuegos fue uno de los últimos hombres aceptados para integrar el listado secreto de la riesgosa expedición del yate Granma, acontecimiento que, años después, el Che calificara ante Raúl como «la aventura del siglo».

Logró ser expedicionario luego de una gran insistencia de su parte, y gracias también a las firmes gestiones de un compañero ya enrolado en la gesta que se preparaba.

Es cierto que el joven Cienfuegos llegó un poco tarde, no estuvo en las acciones del 26 de julio de 1953, ni fue enviado a México por ningún grupo revolucionario de los asentados en Cuba o en Estados Unidos, como ocurrió en una buena parte de los casos. Su único aval era una herida en una manifestación callejera y su resuelta disposición a incorporarse.

Sin embargo, el tiempo, sus condiciones y cualidades, y la propia conducta de Camilo en la guerra de liberación contra la dictadura, obraron el «milagro», y es él precisamente quien aparece junto al Comandante en Jefe en la foto emblema de la Revolución Cubana que ha recorrido el mundo durante medio siglo, cuando la histórica entrada triunfal de Fidel en la Caravana de la Libertad, el 8 de enero de 1959.

La presencia de Camilo entre los barbudos de la Sierra Maestra al mando de Fidel, no es simplemente una ironía de la vida, ni un golpe de suerte, ni un designio del azar o del destino, sino que el delgaducho y entonces desconocido joven habanero, hijo de españoles, como José Martí, se ganó ese lugar a fuerza de coraje, inteligencia, audacia y sacrificio.

No por gusto, y mucho menos por una exageración propia de la idiosincrasia argentina, el propio Che, en el prólogo a su libro La guerra de guerrillas, dijo que Camilo fue «el más grande jefe guerrillero que dio esta revolución, el revolucionario sin tacha, el amigo fraterno (…)».

Y añadió, entre otras cuestiones, que «no ha habido en esta guerra de liberación un soldado comparable a Camilo» que «no medía el peligro, lo utilizaba como una diversión, jugaba con él, lo toreaba, lo atraía y lo manejaba».

Cuando el expedicionario Reinaldo Benítez, amigo de Camilo —también de origen obrero como él—, insistió en que lo aceptaran, el joven Cienfuegos solo tenía algunas credenciales apenas conocidas.

Estuvo entre la multitud que acudió al entierro de Eduardo Chibás, el 16 de agosto de 1950; en una manifestación masiva donde se gritó «¡Revolución!» en el Muelle de Luz de La Habana Vieja, en noviembre de 1955; anduvo dentro de la apretada masa estudiantil que marchó en conmemoración a la muerte de Maceo, el 7 de diciembre de ese mismo año, donde recibió un tiro en una pierna; y asistió después, el 28 de enero de 1956, al acto en homenaje a José Martí, donde fue detenido y fichado con el número 0340 por el Buró de Represión de Actividades Comunistas (BRAC).

Camilo viajó por segunda vez a Estados Unidos en marzo de 1956, y el 11 de abril publicó en La Voz de Cuba —órgano de prensa de los exiliados cubanos allí— un artículo titulado Identificación Moral, donde se pronunció contra el dictador Fulgencio Batista.

Pronto viajó a México y, cuando lo aceptaron en las filas del Granma, pasó su entrenamiento en el campamento de Ciudad Victoria, simbólico nombre para su insospechado futuro guerrillero.

El 2 de diciembre de 1956 fue uno de los 82 expedicionarios que desembarcaron  del Granma.

No fue de los tres compañeros caídos en la amarga sorpresa de Alegría de Pío, ni tampoco ninguno de los cuatro heridos de cierta gravedad.

En la dispersión inicial, los 79 revolucionarios restantes deambularon en 28 grupos: 13 combatientes quedaron solos, entre ellos Juan Manuel Márquez, el segundo jefe, asesinado el día 15. Cinco de los grupos estuvieron compuestos solo por dos compañeros. Tres —entre ellos el de Fidel— los integraron tres hombres. Otros siete colectivos los conformaron cuatro o más expedicionarios, como los de Raúl y Almeida. El más numeroso fue el encabezado por José Smith Comas, con 14 hombres.

 

 

Cronología inicial del avance

 

Camilo, acompañado por Pablo González y Pablo Hurtado, el día 9 de diciembre se une al grupo de Almeida, integrado por el Che, Ramiro Valdés, Rafael Chao y Reinaldo Benítez, el amigo que lo había propuesto con firmeza para que lo aceptaran.

El día 11 de diciembre se refugiaron en la hendidura de una gran roca en un farallón; el 14 Camilo se ocultó en un pozo ciego, al otro día, con sus compañeros, penetró en una cueva en el monte, y el 17 permaneció muchas horas en un matorral de yuca.

En la madrugada del 21 de diciembre, cortaron por la falda de la loma de la Nigua para caer en el cafetal de Mongo Pérez, donde Fidel esperaba desde hacía varios días. El 25 se reunieron con Fidel nuevamente, y ya cerca de 20 hombres iniciaron el ascenso hacia la Sierra Maestra.

Camilo participó en el combate de La Plata, el 17 de enero de 1957, primera victoria rebelde, y el 22 en el combate de Arroyo del Infierno. En marzo fue designado teniente jefe de la vanguardia de la columna comandada por Fidel; el 28 de mayo tomó parte en la batalla del Uvero; en octubre de ese año lo ascendieron a capitán jefe de la vanguardia de la Columna 4, al mando del ya Comandante Ernesto Che Guevara, y el 29 de noviembre intervino en el combate de Marverde.

El 16 de febrero de 1958, en el segundo combate de Pino del Agua, recibió dos balazos, uno en el muslo y otro en el abdomen, pero no le interesaron órganos vitales.

El 31 de marzo del propio año partió al frente de 13 hombres a cumplir misiones en los llanos del Cauto, acciones político-militares en que acumuló experiencias para misiones superiores.

El 16 de abril lo ascendieron a Comandante y, en respuesta a Fidel en una memorable carta, dijo: «Más fácil me será dejar de respirar que dejar de ser fiel a su confianza».

El 4 de mayo se batió durante siete horas contra más de 500 soldados con aviones y tanques de la tiranía que lo localizaron en La Estrella, lugar de escasa vegetación, pero logró superar el peligro gracias a su pericia guerrillera.

El 18 de junio, por órdenes de Fidel, inició el regreso a la Sierra para participar en el rechazo a la ofensiva de 10 000 soldados contra aquel territorio. Llegó a La Plata y ocupó las posiciones de defensa planificadas por el jefe del Ejército Rebelde.

El 21 de agosto partió de El Salto al frente de la Columna Invasora No. 2 Antonio Maceo, con 92 hombres y 86 armas, para realizar una hazaña guerrillera. Tras múltiples penalidades y hasta azotados por el ciclón Hilda, la tropa invasora y su jefe dieron muestras de extraordinario heroísmo, y penetraron arrolladoramente en Las Villas.

Con numerosas acciones combativas en el Frente de esa provincia, viabilizó también la unidad de diferentes fuerzas revolucionarias. Del 21 al 31 de diciembre, Camilo rindió la guarnición de Yaguajay, importante enclave de la estrategia militar batistiana en tierra villareña y contribuyó así al desplome de la tiranía.

 

No solo en la vanguardia

 

Algunos de sus compañeros de armas de la Invasión han dicho que, de la Sierra hasta el norte de Las Villas, Camilo caminó como jefe, de una punta a la otra, como tres veces más que ellos. Que recorrió, para estimularlos, desde la vanguardia hasta el último lugar de la retaguardia.

Fue, además, el primero de los oficiales rebeldes de la Sierra Maestra en bajar a combatir al llano, ya hecho toda una leyenda, y viendo mucho más allá de lo que alcanzaba la vista de sus hombres. Camilo también resultó ser el primer jefe guerrillero que llegó a Las Villas, el 7 de octubre de 1958, porque el Che, su hermano de la guerra, arribó una semana después.

Igualmente fue el primero en tomar un Regimiento, el de Matanzas, el 2 de enero de 1959, y el primero en llegar a La Habana, ese mismo día a las cinco de la tarde, cuando entró al campamento de Columbia.

El día 8 acompañó a Fidel en la entrada triunfal a La Habana; el 21 ocupó el cargo de Jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde; el 26 de julio arribó de nuevo a la capital al frente de la caballería campesina procedente de Las Villas para conmemorar la heroica fecha, y el 14 de septiembre entregó al MINED el campamento de Ciudad Libertad para convertirlo en escuela.

El 21 de octubre, por orden de Fidel, eliminó la intentona contrarrevolucionaria de Hubert Matos en Camagüey; el 26 se dirigió por última vez al pueblo —23 veces lo hizo en varias provincias— en la terraza norte del antiguo Palacio Presidencial, y el 28, a las 6:02 de la tarde, partió en la avioneta Cessna 310-C, bimotor, de cuatro plazas, la número 53, con el sargento escolta Félix Rodríguez y el piloto Luciano Fariña, hacia La Habana, pero no pudo aterrizar en ella.

Nunca apareció ni un tornillo de su avioneta, ni aquel sombrero, ni su uniforme verde olivo con la estrella de Comandante: ¡el mar no quiso devolvernos nada! Pero como no hay tumba en las olas, ni cruces en el recuerdo, el octubre de leyenda lo trae ileso y se hablará de él en todos los años que tiene el porvenir.

 

 

Fuentes: Diario de Guerra, Rumbo a La Plata, Pedro Álvarez Tabío, Granma, 17 de enero 1997; Comandante Camilo Cienfuegos, Señor de la Vanguardia, Instituto Cubano de Geodesia y Cartografía y Dirección Política de las FAR, 1989, y archivo del autor.