¡Libertad a los 5 héroes, Rompamos  el silencio, que el mundo conozca la verdad !

La Expedición del Granma

por Adalberto Santana
Investigador del Programa Universitario de Difusión de Estudios
Latinoamericanos (PUDEL/UNAM)

 


Habían sido siete días de marcha a través del Golfo de México y el Mar Caribe. Casi sin alimentos viajaban los 82 expedicionarios, y casi todos ellos marcados por la falta de costumbre de navegación. Al filo de la madrugada del 25 de noviembre de 1956, cuando el reloj marcaba alrededor de la 1:30 hrs., habían partido de la pequeña ciudad de Tuxpan. El yate se encontraba fondeado frente a ella, en la margen opuesta del río, lugar que se conocía como Santiago de las Peñas. Cuando la embarcación echó a andar sus motores, lo hizo con las luces apagadas; la nave se separó del espigón y puso la proa rumbo río abajo, en dirección al puerto costeño. A bordo todos los ocupantes guardaban el mayor sigilo. Desde la tarde del día anterior no había dejado de llover. El puerto se encontraba cerrado a todo tipo de navegación a causa del mal tiempo. El yate navegó tranquilamente por el estuario del río Tuxpan durante media hora, tiempo que duró su recorrido desde el fondero hasta la costa. A la entrada del puerto, el faro que la resguardaba fue un silencioso testigo de la partida, así como de la lucha de aquella embarcación contra el intenso viento y la resaca. Aquella lucha parecía presagiar los combates que tiempo después los integrantes del Ejército Rebelde librarían en la Sierra Maestra contra la tiranía batistiana.
 

Cuando las aguas del golfo comenzaron a dejar sentir su fuerte embate contra la nave, ésta pareció ceder. El yate con su peligroso vaivén y bajo un cielo negro y una molesta llovizna invernal, provocó mareos y fuertes náuseas en sus ocupantes. Sobre aquellas aguas picadas por el mal tiempo, se divisaba un bulto enorme, que se tambaleaba de un lado al otro. Era el Granma.
 

Uno de aquellos expedicionarios -Faustino Pérez- describiría años más tarde el momento y la sensación de la partida:
 

Partimos lentamente con un solo motor. A todos consumía una intensa y silenciosa emoción. Por un momento contuve la respiración, pues temía que algún ruido pudiera abortar la empresa. Tardamos media hora en dejar el río y poco después, entramos en el Golfo de México. Veía perderse con nostalgia a Tuxpan entre débiles luces; todos sentíamos que el silencio de la partida no era necesario y como si estuviera convenido, se escuchó al unísono.
 

"¡Al combate corred bayameses, que la patria os contempla orgullosa...!"
 

¡Nunca me lució tan bello el Himno Nacional!
 

El viento soplaba inclemente y las olas violentas estremecían el casco del ´Granma'. Pero se disipó la alegría en la niebla espesa, entre vómitos, fatigas y mareos. Apenas adelantaba la embarcación, presa de un´norte' incontenible: sufríamos un lamentable imprevisto.
 

En aquellos momentos, quien era Jefe de Sanidad de los expedicionarios que ocupaban el Granma se dio a la tarea de la búsqueda frenética de los antihistamínicos contra el mareo, cuestión que parecía inútil. El aspecto que presentaba el barco después de los cinco minutos que duró la algarabía, al entonarse el himno nacional cubano y la marcha del Movimiento 26 de Julio, mostraba una situación ridículamente trágica:
 

...hombres con la angustia reflejada en el rostro, -escribiría años después el Che Guevara en Pasajes de la guerra revolucionaria- agarrándose el estómago. Unos con la cabeza metida dentro de un cubo y otros tumbados en las más extrañas posiciones, inmóviles y con las ropas sucias por el vómito. Salvo dos o tres marinos y cuatro o cinco personas más, el resto de los ochenta y tres tripulantes se marearon. Pero al cuarto o quinto día el panorama general se alivió un poco.
 


Los preparativos
 

El propósito de la expedición del Granma había sido definido en el mes de agosto de ese año. En México se reunieron Frank País, máximo organizador del Movimiento 26 de Julio en la clandestinidad en Cuba, y Fidel Castro, Comandante en jefe de la columna expedicionaria, que para aquel entonces residía como exiliado. Ambos dirigentes llegaron al planteamiento de desencadenar la lucha contra la tiranía de Fulgencio Batista. El plan general consistía en secundar la llegada de los expedicionarios con levantamientos y acciones armadas en toda la isla, particularmente en Oriente. Una vez generadas tales condiciones, las fuerzas comprometidas en el proyecto pugnarían por organizar y hacer estallar la huelga general. De esta forma el régimen militar batistiano se vería asediado por una amplia serie de acciones y no podría desarrollar toda su capacidad para repeler el desembarco. Con ello, los expedicionarios tendrían la facilidad de cumplir su primer objetivo: remontarse a la Sierra Maestra.
 

Dos meses después, en octubre, Frank País retornó a México. En esta ocasión le planteó a Fidel que los preparativos en Cuba eran aún deficientes, y que por lo tanto él consideraba que debía posponerse el proyecto expedicionario hasta principios de 1957. Finalmente, Fidel logró convencer a País de que, a pesar de las condiciones existentes, era imprescindible llevar a cabo las acciones del inicio de la lucha en ese año. Convencido Frank País de la necesidad de acelerar los preparativos, regresa a Cuba a aprontar las mejores condiciones.
 

Con su postura, Fidel no hacía más que reafirmar sus ideas, las que ya estaban muy bien definidas desde su salida al exilio. En una carta fechada en La Habana el 7 de julio de 1955 y dirigida a prominentes líderes políticos escépticos respecto de su postura, Fidel les escribirá para decirles: "como martiano pienso que ha llegado la hora de tomar derechos y no pedirlos, de arrancarlos en vez de mendigarlos". Apunta más adelante: "De viajes como éste no se regresa, o se regresa con la tiranía descabezada a los pies".
 

Los preparativos que en México se hicieron para la expedición del Granma continuaron después de una ardua labor y de la apremiante resolución de las diversas dificultades que se afrontaron. La primera vez que Fidel Castro pisó tierras mexicanas en el mes de julio de 1955, llegó como exiliado en calidad de turista a la ciudad de Mérida; de allí se trasladó al puerto de Veracruz y de este punto a la ciudad de México. Aquí ya lo esperaban su hermano Raúl, Calixto García y varios compañeros más. En los días previos a su partida a Cuba, los integrantes de la dirección del movimiento revolucionario cubano tomaron la decisión de dar un nombre a la organización, que llevó como nombre la histórica fecha del asalto al cuartel Moncada: Movimiento Revolucionario 26 de Julio (M-26-VII).
 

En la imprenta perteneciente a Arsacio Vanegas Arroyo, allí donde varias décadas antes se imprimieron diversos materiales de la gesta revolucionario mexicana de 1910, el M-26-VII editó su primer manifiesto siguiendo con la tradición. Entre uno de los diversos puntos que éste señalaba, se decía:
 

El 26 de Julio se integra sin odios contra nadie. No esun partido político sino un movimiento revolucionario; sus filas estarán abiertas para todos los cubanos que sinceramente deseen restablecer en Cuba la democracia política e implantar la justicia social.
 

Los miembros de esta organización encabezada por Fidel, consideraban que sólo por la vía armada sería posible el derrocamiento de la dictadura y con ello llevar a cabo sus propósitos políticos y sociales. En virtud de ello, el M-26-VII veía que la articulación del exilio con el proceso revolucionario cubano tenía como forma de expresión la expedición del Granma.

Este proyecto, avalado en el ideario martiano por los revolucionarios cubanos, era para Fidel Castro en la participación de combatientes no cubanos algo semejante a lo que José Martí propone a Máximo Gómez, cuando en su carta del 13 de septiembre de 1892 invita a éste a encabezar la lucha militar: "hoy no tengo más remuneración para ofrecerle que el placer del sacrificio y la ingratitud probable de los hombres". Hecho similar ocurre cuando el propio Fidel invita al futuro expedicionario Ernesto Guevara de la Serna a sumarse a la gesta revolucionaria cubana. El Che lo relata en su carta de despedida, cuando decide hacer formal renuncia de los cargos de ministro, comandante, dirigente de la revolución y de su condición de cubano para llevar a cabo lo que él considera el reclamo de otras tierras de mundo para entregar sus modestos esfuerzos. Escribe el Che:
 

Fidel: Me recuerdo en esta hora de muchas cosas de cuando te conocí en casa de María Antonia, de cuando me propusiste venir, de toda la tensión de los preparativos.
 

Un día pasaron preguntando a quién se debía avisar en caso de muerte, y la posibilidad real del hecho nos golpeó a todos. Después supimos que era cierto, que en una revolución se triunfa o se muere (si es verdadera). Muchos compañeros quedaron a lo largo del camino hacia la victoria.
 

Con ese sentimiento internacionalista, en la lista de los 82 expedicionarios, figuraban cuatro extranjeros: un argentino (Ernesto Guevara), un dominicano (Ramón Mejías), un mexicano (Guillén Zelaya) y un italiano (Gino Donne). Este hecho hacía recordar con más fuerza el sentimiento bolivariano y martiano de la gesta revolucionaria del Granma. Así también en los preparativos de la expedición, se contó con la participación del ex coronel republicano español Alberto Bayo Giraud, quien fue el encargado de asesorar a los futuros combatientes en actividades teóricas sobre táctica guerrillera y otros temas militares. El mexicano Arsacio Vanegas -quien practicaba la lucha libre, era propietario de la imprenta donde se reprodujeron diversos documentos del M-26-VII y se destacaba como un gran colaborador- fue el responsable de organizar las actividades de entrenamiento y preparación física. Como ellos había además un buen número de colaboradores que también contribuyeron con su esfuerzo para hacer posible la expedicion.
 


Desde el exilio la lucha continuaba
 

La preparación práctica de la misión del Granma duró cerca de un año. Durante la marcha se presentaron serios problemas. Sobre la realización del proyecto había necesidades apremiantes. Por un lado seleccionar a los hombres que llevarían a cargo la misión, y por el otro recaudar fondos para la realización de la misma. Desde el primer momento de la llegada de Fidel Castro a México, éste dedicó todos sus esfuerzos a las tareas que requería la expedición.
 

El M-26-VII fue seleccionando y enviando hacía México a nuevos combatientes, que se sumaban a los exiliados para llevar adelante la expedición. Éstos llegaban de la propia Cuba así como de algunos países del área centroamericana y de los Estados Unidos. Uno de aquellos hombres, Juan Almeida, llegado de Cuba, en una entrevista sobre su participación -aparecida en Cuba: el libro de los doce,- relata en uno de los pasajes:
 

Después vinieron los días que nos soltaron, que nos dieron la amnistía; otra vez el hambre, otra vez la miseria, otra vez las crisis, otra vez las inconsecuencias. Ya Fidel se había ido, entonces dijo que poco a poco se fueran yendo los compañeros para allá.
 

Entonces, a través de Yeyé y de Melba, Yeyé que trabajaba en la Auditoría de José Manuel Gutiérrez, pues me prepararon el pasaporte, y el 17 de febrerosalí en el vapor Andrea, para allá; llegué a Veracruz y de Veracruz cogí el tren hacia Ciudad México.

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