¡Fin al Bloqueo Politico, Comercial y Financiero de EE.UU. contra Cuba!

 

Raúl Roa García

El verbo como arma

Revolucionario de todos los tiempos, relevante escritor, formidable orador; Fidel tuvo en él un intérprete idóneo de sus concepciones sobre la diplomacia revolucionaria

Por: PEDRO ANTONIO GARCÍA
cultura@bohemia.co.cu

El miércoles 10 de octubre de 1973 se discutía en la Asamblea General de la ONU el tema del genocidio fascista que perpetraba la Junta Militar golpista en Chile. El canciller cubano, Raúl Roa García, denunciaba la sanguinaria represión desatada en el país austral, solo comparable "a la de los nazis en los países ocupados: ejecuciones sumarias, masacres organizadas, destrucción de pueblos, bombardeos de universidades, torturas horripilantes, campos de concentración, entrega a sus verdugos de los exiliados latinoamericanos, quemas de libros..."

El representante de los fascistas chilenos pidió la palabra. Con desfachatado cinismo aseguró que la Junta "reconoce y acata los derechos humanos fundamentales". Lanzó contra Cuba y Fidel Castro falsas acusaciones y calumnias.

Roa se puso de pie. "Como si le hubieran puesto un electrodo", recordará después un diplomático. "¡Hijoeputa! ¡Maricón! ¡Miserable! ¡Cundango!", gritaba el cubano mientras enrumbaba por el pasillo hacia donde se hallaba el chileno. Uno de los esbirros de la delegación nicaragüense desenfundó una pistola. Roa, sin inmutarse, siguió avanzando. Uno de los cubanos, desarmado, pecho al descubierto, le servía de escudo. El chileno, despavorido, se escondió detrás del podio, de donde lo rescató un policía italiano.

Cuando logró restablecerse la calma, tras varias intervenciones, volvió al podio Roa. Solo le replicó a EE.UU., ignoró a los satélites del imperialismo. "El pueblo chileno no será vencido por el fascismo. Y no será vencido por el fascismo, a despecho de la ayuda que reciba de los EE.UU."

Raulito 

Dos veces el dictador Machado lo envió a la cárcel por sus actividades revolucionarias (Roa es el cuarto de izquierda a derecha) Dos veces el dictador Machado lo envió a la cárcel por sus actividades revolucionarias (Cuarto de izquierda a derecha en la foto, Roa fue enviado dos veces a la cárcel por el dictador Machado)

Nació en el habanero barrio de la Víbora, el 18 de abril de 1907, dentro de una familia de terratenientes venidos a menos. Su padre, Raúl, modesto empleado público, era hijo del teniente coronel mambí Ramón Roa, ayudante de Ignacio Agramonte en el 68. A la madre, María Luisa García, le unió un cariño y una ternura infinitos.  Al principio era solo Raulito. Luego, en el colegio, le llamaban simplemente Roa. Según el autorretrato que ofreciera en entrevista concedida en 1968, "era larguirucho, flaco, intranquilo, boquigrande, orejudo, ojillos soñadores con relumbres de ardilla, a veces melancólico, jocundo casi siempre, lenguaraz a toda hora y más peludo que un hippie aunque ya antihippie por naturaleza".

Quienes le conocieron, recordaban sus "mataperrerías" de barrio, siempre empinando papalotes, jugando a la quimbumbia, arañando las polvorientas calles con los patines o la bicicleta. Era un apasionado  al béisbol y maestro en recoger short-bounds (tiros cortos) en primera base. Lector desenfrenado de Salgari, Julio Verne, Fenimore Cooper, Daniel de Foe, soñaba ser un mosquetero del Rey o un protector de huérfanas como Enrique de Lagardere, un ladrón de manos de seda al estilo de Raffles, o un omnipotente Fantomas.

Fue muy buen estudiante. En 1926, entró en la Universidad.

El Flaco

Su amiga de los tiempos de la Universidad, la escritora Loló de la Torriente, aseguraba que entonces Roa era "más hueso que carne y por eso le decían El Flaco. Nunca lo vi solo, siempre en muchedumbre... Era un formidable asambleísta y dominaba (a la audiencia) con la dialéctica de la verdad en sus razonamientos... Era el más greñudo de todos los greñudos, el más malhablado de todos los insolentes y el más ingenioso de todos los hidalgos".

Salvador Vilaseca lo conoció en 1927, cuando la dictadura de Gerardo Machado (1925-1933) y el claustro universitario expulsaban de la casa de altos estudios a todo alumno que se opusiera al Gobierno. Junto con el propio Salvador y Rafael Trejo, testimonió Vilaseca, "acordamos asaltar al aula de Química, en la que se estaba celebrando un consejo disciplinario a unos compañeros. Estaba cerrado el edificio pero cerca había un poste en el piso con el que tumbamos la puerta. Lo profesores salieron huyendo y logramos coger los papeles que había sobre la mesa".

En sus años de universitario, Roa conoció a dos de sus grandes amigos: a Rubén Martínez Villena, en su casa, cuando El Flaco deseaba integrar el claustro de la Universidad Popular José Martí, aquel noble proyecto de Mella y Alfredo López; a Pablo de la Torriente Brau, en el bufete  del sabio etnólogo cubano Don Fernando Ortiz, a mediados de 1930. Gracias a ese encuentro, el futuro autor de Presidio Modelo pudo vincularse estrechamente al movimiento estudiantil.

Miembro fundador del Directorio Estudiantil Universitario (DEU) de 1930, Roa escribió el manifiesto distribuido en la jornada revolucionaria del 30 de septiembre de ese mismo año, de la que fue uno de sus organizadores y protagonistas. Por divergencias ideológicas con el DEU se separó y fundó con Gabriel Barceló, Pablo y otros el Ala Izquierda Estudiantil (AIE), de posiciones muy cercanas al primer Partido Comunista. Entre 1931 y 1933 sufrió dos veces la cárcel y Machado lo internó en el tenebroso Presidio Modelo.

El Doctor

Fidel tuvo en él un intérprete idóneo de sus concepciones sobre la diplomacia revolucionaria

A la caída de la tiranía machadista, formó parte de la depuración de profesores y alumnos de la Universidad de La Habana. Mantuvo una posición crítica contra el Gobierno de los 100 días, pero fue de los pocos que supo diferenciar el nacionalismo revolucionario de Guiteras del demagógico reformismo de Grau.

Se graduó en 1935 de doctor en Derecho y publicó Bufa subversiva, recopilación de sus trabajos más significativos hasta la fecha. Por su participación en la huelga de marzo de 1935, durante la dictadura Caffery-Batista-Mendieta tuvo que exiliarse. En 1940 obtuvo por oposición la cátedra de Historia de las Doctrinas Sociales, en la Universidad de La Habana.

Opuesto al bonche y al pandillerismo universitario, esgrimió el verbo para vapulear a la indolente Federación Estudiantil Universitaria (FEU) de la época. El asesinato por pugnas estudiantiles de un dirigente de esta organización, causó su dimisión como decano de la Facultad de Ciencias Sociales y Derecho Público.

En 1949 apareció el primer tomo de su Historia de las Doctrinas Sociales, al que sucedieron otros dos títulos que recopilan sus trabajos periodísticos, ensayos y polémicas: Quince años después (1950) y Viento Sur (1953). Director de Cultura del Ministerio de Educación desde 1949, financió la publicación de importantes libros, subvencionó al Ballet de Alicia Alonso, echó a andar un movimiento de puestas teatrales, salones de plástica y humorismo.

Opuesto al golpe de Estado batistiano del 10 de marzo de 1952, integró junto con Salvador Vilaseca la Triple A, dirigida por Aureliano Sánchez Arango. Cuando se percataron de que Rafael Leonidas Trujillo, el sátrapa dominicano, financiaba la organización, se separaron de ella. Luego se incorporó a la Resistencia Cívica, muy vinculada al Movimiento 26 de Julio.

En 1959, apareció su libro En pie, que recogía ensayos y trabajos periodísticos escritos hasta la fecha. Luego vendrían Retorno a la alborada (1964), Escaramuza en las vísperas (1966), La Revolución del 30 se fue a bolina (1969) y Aventuras, venturas y desventuras de un mambí (1970). Póstumamente se publicaría El fuego en la semilla del surco (1982).

En la ONU, escenario de sus épicas batallas verbales contra la diplomacia yanqui

El Ministro

La Revolución en el poder necesitó rápidamente de Roa y le designó embajador en la Organización de Estados Americanos (OEA). En su presentación como representante de Cuba, después de dejar en claro "la profunda desconfianza del pueblo cubano" en la organización, advirtió: "A la diplomacia de la Revolución Cubana corresponden deberes y responsabilidades congruentes con su naturaleza democrática, proyección continental y trascendencia universal".

Ante las insuficiencias del primer canciller del Gobierno Revolucionario, se designó a Roa como ministro el 13 de junio de 1959. Fidel Castro tuvo en él un intérprete idóneo de sus concepciones sobre la diplomacia revolucionaria. Y llevó la Revolución al Ministerio de Estado, que pronto cambiaría su nombre por el de Relaciones Exteriores.

A los antiguos funcionarios, sin vinculación con la tiranía, les fueron respetados sus puestos. Ellos ayudarían al nuevo canciller a adiestrar a toda la savia joven que en oleada inundó el Ministerio. A los jóvenes les advirtió de la necesidad de aprender de los veteranos, cuyas experiencia y conocimientos eran invaluables.

Como ministro, Roa estaba pendiente del chofer que no cobraba por insuficiencias burocráticas, de la trabajadora ingresada en un hospital, de las medicinas que requería alguien o la nieta de alguien.
Su sentido del humor le granjeaba la simpatía de todos y generó una serie de fabulaciones y leyendas no siempre exactas. A un embajador foráneo que no cuidaba el protocolo en el vestir, lo recibió en camiseta y le espetó: "La próxima vez que usted venga en mangas de camisa, lo recibiré en calzoncillos". Mientras se dirigía a los movilizados en un campamento agrícola, cayó un mango cerca de él. "Ese es mío, que yo lo vi primero", dijo. En una reunión interparlamentaria, ante un diplomático yanqui que exigía con apuro que se le concediese hablar, apuntó: "Tiene la palabra el delegado de EE.UU., pero sin guapería".

Canciller de la Dignidad

 ¿Quién dijo que un canciller no corta caña?

Antológica es su oratoria en aquella épica batalla verbal en la Cuba durante los días de Girón, contra la diplomacia yanqui, encabezada por Adlai Stevenson, a quien literalmente vapuleó. Roa refutó todas las mentiras estadounidenses, demostró fehacientemente que la invasión mercenaria había sido organizada y entrenada por la CIA, con la complicidad de los Gobiernos títeres de Centroamérica. Hizo justicia, en esa batalla y las demás que librara en el escenario internacional, al apelativo que los pueblos de nuestra América y el mundo ya le daban: Canciller de la Dignidad.

El sobrenombre lo ganó en San José, Costa Rica, a finales de agosto de 1960. Convencido de que en la OEA las denuncias de Cuba ante la inminente agresión de la CIA nunca encontrarían eco, resonancia ni acogida alguna, pidió la palabra para una cuestión de orden y anunció la retirada de su delegación: "Me voy con mi pueblo y con mi pueblo se van también los pueblos de nuestra América".

Oscar Pino Santos rememoraría años después: "Con Roa nos levantamos todos (los de la delegación cubana) y salimos... afuera había una multitud que gritaba: Cuba sí, yanquis, no. Y nos pusimos a cantar el Himno Nacional".

De ahí fueron a la Casa Italia. "Nos sentamos a comer -solía recordar el periodista y narrador deportivo Eddy Martin-, y le dicen a Roa que Mario Ramírez, un periodista costarricense insistía en pasar. Lo manda a buscar y entra con equipos, trasmisores. Saca un micrófono y empieza a hablar: 'Estamos en la Casa Italia con el Canciller de la Dignidad que acaba de retirarse de la reunión de la OEA. Canciller, diga algunas palabras para el pueblo de Costa Rica.'

A partir de entonces, en Montevideo y Santiago de Chile; en El Cairo y Argel; en los barrios negros y latinos de Nueva York; en su Habana, cuando retornaba triunfal a la Patria; muchedumbres lo vitorearon como el Canciller de la Dignidad.

 

TOMADO DE: www.bohemia.cubaweb.cu/.../raul-roa.html

 

 

RAÚL ROA Y LA REVOLUCIÓN CUBANA 

 

Por: Lourdes Urrutia

 

"El mérito no es mío es de la Revolución Cubana, que yo represento",  solía decir Raúl Roa cuando alguien le felicitaba por el éxito obtenido en alguno de los foros internacionales a los que concurría en funciones de su cargo.

 

Ejemplo del hombre modesto y sencillo, incapaz de engrandecerse a expensas de la representación de la Patria que ostentaba.     

 

 

La Revolución Cubana fue para Raúl Roa, según el título de uno de sus libros, su "Retorno a la Alborada",  el regreso a los comienzos de una vida revolucionaria iniciada treinta años atrás.  Esa revolución trunca que "se fue a bolina", como calificara con su conocida afición por el papalote, nunca dejó de bullirle en las entrañas y le permitió madurar política y culturalmente para combatir en una de las más importantes trincheras de la Revolución triunfante el 1º de enero de l959, la trinchera de la diplomacia revolucionaria, esa diplomacia sin hipocresías ni tapujos que con su estilo tan propio impuso en sus históricos alegatos en la Organización de Estados Americanos y en las Naciones Unidas, desde los difíciles días del ataque a Playa Girón y de la Crisis de Octubre.

 

En uno de los numerosos combates en defensa de la Revolución Cubana, Roa definió el sentido de su presencia en la trinchera en que le tocó enfrentar al enemigo irreconciliable   "yo sé que estoy aquí luchando por una causa hermosa: la sobrevivencia, consolidación y desarrollo de la Revolución Cubana, gravemente amenazada por un coloso al cual se le han aliado, por ley inexorable de la historia, las fuerzas más reaccionarias, agresivas y explotadoras de nuestro tiempo...”.      

 

 

A Raúl Roa la Revolución le corría por las venas, era algo así como parte de su propio ser.  No resistía los ataques del enemigo y sin pensarlo brincaba ante la menor insinuación que pudiera lastimar la patria amada.   Baste recordar su reacción ante los ataques del representante de Chile en Naciones Unidas en   A continuación, me permito citar el texto de una carta suya al respecto, por considerar que su proceder en aquella ocasión es el mejor ejemplo de su instinto y sentir revolucionario: "Ayer rebuznó el chileno.  Tres cuartas partes de la sala me siguió cuando me levanté y me fui.  Después le repliqué sepultándolo bajo una montaña de calificativos tremebundos.  Pero se había ido. Me repuso el Bazin.  Y lo convertí en el Pinocho de Pinochet, entre carcajadas y aplausos".

 

Y continuaba... ¡Qué clase de jodienda se armó en la Asamblea!  Mi discurso duró hora y media. Imagino lo oyeron.  Se me escuchó con silencio imponente.  La sala estaba repleta y también la galería pública. 

 

Recibí una ovación estremecedora.  Pero luego vinieron las réplicas.  La del chileno la primera. Comenzó a difamar e insultar; pero cuando dijo que Fidel se refocilaba con los cadáveres de los fusilados un impulso me levantó del escaño y salí disparado para la tribuna a propinarle una bofetada entre gritos de "HP.., Mar..., Asesino!!!... Se metió la gente por el medio y el Presidente tuvo que suspender momentáneamente la Asamblea.

 

 

Y sigue la carta....El Presidente afirmó, con voz temblorosa que el hecho no tenía precedentes en la ONU y rogaba orden y sosiego.  Tres minutos de receso y siguió la sesión.  Concluyó Pinocho y hablaron Paraguay, Bolivia, Uruguay, Brasil y USA en derecho de réplica. Después yo. Volví a blandir el espadón y fuerte para un lado y para el otro especialmente para Scali (embajador de EU).  Cables, periódicos y televisión dieron primacía a la noticia.  Pusimos a Chile otra vez en la primera plana.  Todo salió punto en boca.  Pero el escándalo ha sido mayúsculo.  Nada parecido había ocurrido nunca.  Estoy jubiloso por todo esto.  Gran batalla por Chile.

 

Este incidente causó  preocupación por el revuelo que se armó.  El propio Roa contó después que  había sido felicitado por su valiente y enérgica actuación.  Una vez más se comprobó que lo que se hace con el corazón, siempre sale bien.

 

Los pueblos nunca se equivocan.  Raúl Roa, como hombre de pueblo, fue desde los primeros días de la Revolución, muy querido por el pueblo, que repetía sus expresiones criollas y populares con cariño y respeto. No fue mera casualidad que el pueblo cubano a su regreso de la OEA, su primer bautizo de fuego como Ministro de Relaciones Exteriores, le llamara el Canciller de la Dignidad.  Su nombre fue siempre sinónimo de reconocimiento a la labor diplomática que le tocó desarrollar. Baste recordar que  llegó hasta la repostería cubana pues por gracia de la chispa criolla el pudín diplomático con coco, se convirtió en  "un Raúl Roa".

 

Durante la celebración de la VII Reunión de Consulta de los Ministros de Relaciones Exteriores de la OEA, convocada expresamente por el imperialismo norteamericano para crear las condiciones de una agresión militar a Cuba, Roadefine así a la Revolución Cubana: "La revolución que trajo el pueblo, del brazo de Fidel Castro, es tan cubana como la Sierra Maestra, tan americana como los Andes y tan universal como los cimeros valores humanos  que encarna.  No brotó de los textos de Rousseau, de Jefferson o de Marx; se gestó durante un siglo, en las entrañas mismas del pueblo cubano, y corona, a la altura del tiempo, la trunca empresa de Martí.  De ahí sus entronques con Bolívar y Juárez, su porosidad a las nuevas corrientes de ideas y aspiraciones que alimentan el cuerpo vivo de la historia. Su carácter viene condicionado por sus raíces, su trayectoria por el desarrollo de sus fuerzas configurantes y sus proyecciones por el aliento humano que la abrasa.  La Revolución Cubana, para decirlo de una vez, es una revolución nacionalista, antifeudal y democrática, aflorada en una coyuntura universal de "renquiciamiento y remolde".  No es una revolución del siglo XIX. Es una revolución del siglo XX, que hereda viejos problemas y encara problemas nuevos....."    ¡Quiérese una descripción más abarcadora en la que  Roa avizora el carácter socialista de la Revolución Cubana, proclamado  poco tiempo después por Fidel,  el 16 de abril de 1961, en los preludios de la mercenaria invasión a Playa Girón.  Esta definición está vigente, hoy más que nunca, enmarcada en la batalla de ideas que libra nuestro pueblo, el realce de los verdaderos valores de la patria y la proyección de los horizontes de educación y cultura de todos los cubanos!

 

En su primer discurso ante la Organización de Estados Americanos, publicado en la Revista Bohemia, tan temprano como el 17 de marzo de 1959 bajo el rótulo de "La Revolución Cubana en la OEA, Roa exponía: "Esta Revolución que corona los seculares e ingentes empeños del pueblo cubano por alcanzar su plenitud de albedrío y aflora y desenvuelve en una coyuntura universal de mutaciones más profundas y vastas que las que singularizaron el tramonto del imperio romano y el alba de la modernidad, dimana su razón original de ser, de los requerimientos específicos y generales, de la dinámica histórica de un país americano de economía subdesarrollada, de organización semifeudal de la tierra, de concepción patrimonial del poder, de agudos desniveles sociales, de abandono de la enseñanza pública y de tradicional servidumbre a dictados e intereses ajenos en su desarrollo interno y en su política internacional, fuente del grave complejo de inferioridad colonial que ha venido aquejándole desde la constitución de la República.  Y continuaba:  "En concordancia con esos requerimientos y movida por el afán de creación típico de las auténticas redenciones históricas, la Revolución en el poder se propone transformar, y ya lo está haciendo, la estructura y fisonomía de la sociedad cubana, a tenor de los más puros principios de la democracia representativa, del pleno ejercicio de las libertades fundamentales y del más absoluto respeto a los derechos humanos, tal como la prescriben la Carta de Bogotá y las convenciones y acuerdos interamericanos y universales." 

 

Su prestigio trascendía los límites nacionales, por lo que su aparición en el escenario americano fue, cito "saludada  aplaudido el acierto de la designación recaída en su ilustre persona para el ejercicio de tan importante función" por el Dr. Gonzalo Escudero, Embajador del Ecuador y Presidente a la sazón del Consejo de la OEA, quien reconociendo su doble calidad de Representante del gobierno de Cuba y auténtico personero de la cultura de su Patria, le aseguró que habría de prestar valiosos servicios, como efectivamente lo hizo, en defensa de la soberanía y autodeterminación de la patria, acusada por quienes carentes de los principios y deberes internacionales más elementales, creyeron poder condenarla, expulsándola de la desprestigiada Organización.  Sus lapidarias palabras finales han quedado grabadas en la historia para siempre:

 

"Me voy con mi pueblo, y con mi pueblo se van también de aquí los pueblos de nuestra América".

 

No es posible hablar de Raúl Roa y la Revolución Cubana sin entrar a hablar de Raúl Roa y la Diplomacia Cubana, pues fue a través de ésta que Roa sirvió con  su talento, su elevada cultura y su fibra revolucionaria, a la primera.        

 

Se ha reconocido con justicia que le tocó a Roa inaugurar el nuevo estilo de  diplomacia revolucionaria.  Una diplomacia que utilizó los foros internacionales para expresar la verdad, sin tapujos ni ambages, sobre los principales conflictos que enfrentan los pueblos en su lucha por la independencia, la paz y la justicia social.

 

Roa calificó  la diplomacia como el arte de la táctica, el tacto y el contacto, con su habitual y genial gracia de rimar sonidos y palabras en sus expresiones.

 

Los que hemos vivido en las entretelas de la diplomacia cubana, sabemos que estas tres palabras contienen el néctar de los tres elementos esenciales de un buen trabajo diplomático. La táctica, vocablo militar, es indispensable para trazar la estrategia a seguir en las gestiones y negociaciones diplomáticas.  El tacto,  uno de los sentidos del ser humano, requiere no solo tocar el tema que nos interesa, sino saber cómo tocarlo, según el momento y las circunstancias y, por último, el contacto diplomático es la razón de ser del oficio.  Véase pues lo atinado de su descripción, resumiendo en tres palabras el difícil arte diplomático.

 

En el centenario del 10 de Octubre,  Roa expresó: “la genuina diplomacia cubana surgió después del 1ro.de enero de 1959.  Con el triunfo de la Revolución y el advenimiento al poder de la clase obrera, la política exterior de nuestro país dió un viraje de 180 grados.  Cuba se liberó de las ataduras coloniales para convertirse en un Estado efectivamente libre, independiente y soberano.  La política exterior del Gobierno Revolucionario la dictan los principios, las necesidades y las aspiraciones del pueblo cubano, de los movimientos de liberación de América Latina, Africa y Asia y del movimiento comunista internacional.

 

Destacó en esa ocasión –octubre de l968- que el primer documento en el que se afirmó cabalmente la soberanía de Cuba fue la nota enviada al gobierno norteamericano con motivo de la promulgación de la Reforma Agraria, en la que se enfatizó que el Gobierno Revolucionario se arrogaba la facultad de decidir lo que estimara más acorde con los intereses vitales del pueblo cubano y no admitía,  ni admitiría ninguna indicación que tendiera a menoscabar, en lo más mínimo, la soberanía y la dignidad nacionales.

 

Raúl Roa  tuvo la oportunidad de llevar la voz de Cuba y de defender en  esos foros internacionales  las causas más nobles, muchas de las cuales abrazó con pasión revolucionaria, desde sus años mozos de estudiante.  En los discursos y documentos publicados, aclaró que "proyectaban las posiciones internacionales de principio de la Revolución Cubana y, por ende, la línea trazada y las instrucciones recibidas por la alta dirección política de nuestro país".   Sobra decir, añadía, "que me he ceñido rigurosamente a exponerla en mi forma consustancial de escritura".

 

Pero es precisamente esa forma consustancial de escritura, como él mismo la calificara, donde radica la fuerza de su palabra, de su singular agilidad mental para describir las más insólitas situaciones y reencarnarlas en personajes bíblicos como “David y Goliat” o de un cuento infantil como  el famoso "Pinocho de Pinochet".

 

No hubo tema debatido en la escena internacional en el cual Raúl Roa, el profesor de Historia de las Doctrinas Sociales de la Universidad de La Habana, no hiciera gala de su vasta cultura y su conocimiento profundo de la situación histórica concreta de las causas nobles que defendió.  Baste citar su discurso en el Consejo de Seguridad de la ONU celebrado en Panamá en marzo de 1973, que constituye en sí mismo, una pieza magistral de la historia de ese país hermano.  Roa desentraño en esa singular ocasión, cómo  se había gestado el fatídico tratado canalero, bajo la tutela del gobierno de Roosevelt y con la ayuda del aventurero Philippe Bruneau Varilla,  representante   de la compañía comercial francesa que había sustituido a la fracasada en construir el canal ítsmico.  También Roa dejó constancia en esa oportunidad de su opinión al respecto: “En la historia de las relaciones internacionales, la Convención del Canal Itsmico representa el más expresivo paradigma de carencia de escrúpulos, de menosprecio a los principios, de rapacidad desmandada y de befa a la dignidad de un pueblo".  Y continuaba: "La mayoría de los tratadistas han demostrado, con argumentos inobjetables, su absoluta nulidad jurídica y, por consiguiente, su inexistencia real a la luz del derecho internacional y de las normas de la carta de las Naciones Unidas.  No faltan norteamericanos entre las autoridades sobre la materia, que comparten ese juicio."  La posición de Cuba,  expuesta por Roa, era muy clara.  "Cuba considera que ese enclave neocolonial afecta a la soberanía y la integridad territorial de Panamá y debe restituirse a su gobierno el cabal ejercicio de las potestades inherentes que le corresponden sobre todo el territorio del itsmo". 

 

La prueba más fehaciente de la repercusión de ese discurso,  pudo  palparla el propio Roa en sucesivas visitas al país hermano, donde constantemente era abordado en las calles por el pueblo, que recordaba  con admiración sus valientes  e históricos pronunciamientos.  Los acuerdos adoptados  en aquella reunión dieron  finalmente  sus frutos con la devolución  del Canal a su pueblo en 1999.

 

Otro de los temas que Roa defendió con gran pasión lo fue, sin duda el tema de Puerto Rico, aún  sometido al ultraje de la potencia imperial, como lo demuestran los últimos acontecimientos de Vieques. Su filiación martiana lo llevó a defender desde edad temprana en sus alegatos estudiantiles,  la libertad del hermano pueblo borinquen.  Ahora, honrado con la representación de la Revolución Cubana, pudo desenmascarar la patraña urdida contra ese pueblo  disfrazado  con el burdo ropaje de "Estado Libre Asociado",  destacar que además de colonias europeas existen dependencias coloniales de los Estados Unidos en el hemisferio occidental y descubrir la  pretensión de  pasar por alto las nuevas formas de colonialismo que el imperialismo yanqui ha establecido en este continente. Decía Roa en octubre de 1965  en el debate de la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre los remanentes y modalidades del colonialismo: "Está el caso específico de Puerto Rico, que exhibe todos los atributos de una nación cuajada y cuyo pueblo ha expresado a toda hora su inquebrantable determinación de ser dueño de su propio destino y, sin embargo, permanece como dependencia colonial norteamericana.  Puerto Rico no quiso seguir siendo colonia de España; no quiere seguir siendo colonia de los Estados Unidos bajo la denominación eufemística de "Estado Libre Asociado".  No es la voz de los Estados Unidos y la de sus gobernantes por control remoto, su voz genuina. Pero careciendo de representación propia en las Naciones Unidas, la voz de Cuba, hermanada a su historia y a sus aspiraciones, es la voz de Puerto Rico. No ha de olvidarse que José Martí, al organizar la guerra de independencia de Cuba en 1895, planteó que era no sólo para liberar a nuestro país, sino también a la Isla hermana. 

 

Y finalmente concluía:

 

Estamos unidos por la historia y, por eso, para la delegación cubana constituye un deber hablar aquí en nombre de ese pueblo."   Y cada vez que la ocasión era propicia reiteraba que la "Cuba liberada era también la voz del Puerto Rico irredento".

 

No hubo suceso internacional sobre el que Cuba no alzara -y continuará alzando- su voz en los foros internacionales.  Vietnam fue, en la etapa que le tocó a Roa, el corazón de nuestra denuncia contra la cruel  y devastadora guerra  dirigida por el imperialismo yanqui contra ese país indochino, ejemplarmente derrotada por los valientes y abnegados patriotas vietnamitas

 

Diversos fueron sus pronunciamientos en los foros internacionales en defensa del pueblo vietnamita, rechazando categóricamente todo tipo de interferencia o intromisión de las Naciones Unidas en la cuestión de Vietnam e indicando que el único camino era apoyar,  sin reservas ni vacilaciones,  sus  legítimas demandas  y exigir la suspensión de los bombardeos norteamericanos, laretirada de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos y sus aliados de Vietnam del Sur y el estricto cumplimiento de los Acuerdos de Ginebra.

 

A la lucha por la independencia de los pueblos de Asia, Africa y América Latina dedicó también Roa  sus mejores esfuerzos.  Tocóle, por demás, presidir la Primera Conferencia Tricontinental, efectuada en La Habana en enero de 1966.  Sobre sus resultados Roa expresó:  "La Conferencia Tricontinental cristalizó la solidaridad del movimiento de liberación nacional en Africa, Asia y América Latina, definió una línea común en la lucha frontal contra el imperialismo, el colonialismo y el neocolonialismo y soldó vigorosamente la unidad estratégica y táctica en el combate, recogiendo la rica experiencia de los pueblos participantes".  De aquel encuentro mundial de los tres continentes surgió la OSPAAAL, cuyo aniversario XXXV se celebró recientemente y cuyos miembros continúan cumpliendo con tenacidad y firmeza, no obstante los retrocesos y dificultades enfrentadas, los objetivos que le dieron vida.

 

Cúpole a Roa asimismo, ser el artífice de  la integración de Cuba al Movimiento de los Países No Alineados desde su fundación.   Cuba formaba ya parte del bloque socialista, su aliado natural. Sin embargo, su luz larga en materia política le permitió aconsejar nuestra incorporación a dicho movimiento, desde donde podíamos denunciar la situación de Cuba y apoyar y defender los problemas del Tercer Mundo con una fuerza propia, ya que constituía  un escenario más  donde contrarrestar el agravamiento de las relaciones internacionales y la amenaza del imperialismo de recurrir a la fuerza militar para intentar resolver los conflictos  a costa de los países del Tercer Mundo. 

 

Pero su batalla diplomática más destacada lo fue sin duda el debate en la ONU durante el ataque a Playa Girón, en el que hizo gala de todo su talento, habilidad y maestría para denunciar la criminal agresión. "Yo acuso, solemnemente al Gobierno de los Estados Unidos ante la Comisión Política y de Seguridad de las Naciones Unidas y la conciencia pública internacional, de haber desatado contra Cuba una guerra de invasión para apoderarse de sus recursos, tierras, fábricas y transportes y retrotraerla a su oprobiosa condición de satélite del imperialismo norteamericano", denunciaba  el día 17 de abril de l961 en la Comisión Política y de Seguridad de las Naciones Unidas, cuando aún el Ejército y las Milicias Nacionales Revolucionarias combatían en las arenas de Playa Girón contra las tropas mercenarias, organizadas, armadas y financiadas por la Agencia Central de Inteligencia de los Estados Unidos .   Y sentenciaba: "Un clamor unánime estremece hoy a toda Cuba, resuena en nuestra América y repercute en Asia, Africa y Europa.  Mi pequeña y heroica patria está reeditando la clásica pugna entre David y Goliat.  Soldado de esa noble causa en el frente de batalla de las relaciones internacionales -se autoproclamaba- permitidme que yo difunda ese clamor en el severo areópago de las Naciones Unidas. ¡Patria o Muerte!,  ¡Venceremos!

 

El debate continuó hasta  el día 20 de Abril en que dió a conocer el Comunicado Oficial del Gobierno de Cuba informando sobre la aplastante derrota sufrida por las fuerzas mercenarias en las trincheras de piedras de las arenas de Playa Giron.  Y concluía con estas palabras llenas de patriotismo y fervor revolucionario: "Y yo como cubano y como representante en las Naciones Unidas del Gobierno Revolucionario y del pueblo de Cuba, quiero rendirles fervoroso tributo a los hombres y mujeres de mi patria que, a pie firme y unidos en compacto haz, han destrozado la fuerza mercenaria de invasión, organizada, financiada y equipada por el gobierno de los Estados Unidos."

 

Roa en su papel de ejecutor de la política exterior de la Revolución Cubana, llevó a todos los  confines del mundo la voz de una Cuba independiente,  la voz de un país que había dejado de ser espejo de las posiciones de Estados Unidos y del mundo desarrollado, para transformar su actitud plegada a los intereses yanquis en una política tercermundista de principios.

 

La etapa en que Roa se desempeñó como Ministro de Relaciones Exteriores,-de 1959 a 1976-  se caracterizó por la política de guerra fría,  una situación internacional de equilibrio de poder dada por la existencia del bloque socialista y de manera muy particular por el poderío alcanzado por la Unión Soviética  y el desarrollo de su capacidad militar y espacial, que sirvió de sustento al auge alcanzado por  los movimientos de liberación nacional  que trajeron consigo la independencia de muchos países del Tercer Mundo sometidos hasta entonces al yugo colonial.

 

La criminal guerra de agresión desatada por los Estados Unidos en Vietnam y la derrota aplastante que les fue infligida por los patriotas vietnamitas coronaron el triunfo de la razón sobre la fuerza, de la moral sobre el poder y constituyó una lección ejemplarizante para otros pueblos del mundo, que aún pugnan por encontrar su camino hacia la liberación y la paz.

 

Fue  valiosa la contribución de Raúl Roa a la Revolución Cubana y, por ende, a la diplomacia cubana,  a la que le insufló su energía vital, su brillante y potente intelecto y sobre todo, la pasión revolucionaria con que desarrolló su incansable trabajo creador, que le permitía adoptar la decisión rápida y correcta ante situaciones no previstas surgidas  al calor del debate con el enemigo.

 

 Su intuición y su instinto revolucionario nunca le fallaron.   Recordemos la frase de Armando Hart en la despedida de su duelo: " Roa supo interpretar en forma cabal la línea y las posiciones de Fidel”.  Según Hart, no se podrá escribir la historia de la diplomacia moderna en el mundo, sin recoger las luchas y la obra que en este campo llevó a cabo el "Canciller de la Dignidad".

 

Roa llevó a los salones de los foros internacionales el estilo del agitador político y estudiantil de los años 30 que él siempre fue, el estilo de la barricada estudiantil,  apertrechada por una amplia cultura y un profundo conocimiento del drama de nuestros pueblos.  Raúl Roa, como representante de la Revolución Cubana y fiel a sus principios, supo arremeter en forma tajante y firme ante sus enemigos,  quienes le temían por su palabra precisa, candente y definitiva cuando su figura se erguía en las tribunas internacionales. 

 

Raúl Roa fue, en suma, un revolucionario impar, que supo jugar en cada etapa de su vida  el papel que le correspondió, aportando en cada momento su valioso acerbo  cultural,  su verbo encendido y su prosa vibrante para denunciar las villanías, triquiñuelas  y atrocidades tanto de los gobernantes cubanos de turno, como para enfrentarse al astuto imperio y defender la patria amada en el discurso internacional.

 

El Canciller de la Dignidad, como fuera significativamente bautizado por el pueblo cubano, fue siempre fiel a ese calificativo popular, fue un hombre digno, que  sirvió a la patria dignamente y al igual que en el 30,  jamás claudicó y fue siempre implacable con el enemigo imperialista y, lo que es más meritorio aún,  se mantuvo fiel a estos principios durante toda su existencia.

 

La generación de jóvenes diplomáticos que tuvo el privilegio de compartir con él los primeros combates contra el imperialismo yanqui,  ha sabido ser fiel a su ejemplo y cumplir con dignidad  las tareas encomendadas.  Su aporte a las nuevas generaciones está presente en la actitud combativa y combatiente con que hoy más que nunca es necesario actuar en la trinchera exterior de nuestro país.

 

Su ejemplo será siempre una fuente de inspiración y de experiencia para los que tengan el privilegio de continuar  la batalla diplomática en defensa de losprincipios que sustenta la Revolución Cubana.

 

El Canciller Felipe Pérez Roque en  las palabras pronunciadas en ocasión del 40 Aniversario del MINREX,  describió, de forma excepcional, el aporte de Raúl Roa a la Revolución Cubana:

 

“La batalla que Roa llevó en los organismos internacionales, en la Asamblea General, en los diversos foros en que participó en nombre de nuestro país, dieron su fruto, parieron su resultado, que es el de un país que no pudo ser aislado, que obtiene el apoyo de 158 países en las Naciones Unidas; que ha logrado aislar y derrotar el bloqueo; que ha logrado abrirse paso en sus relaciones internacionales en América Latina y en el resto del mundo; que ha levantado su voz; que ha dejado de ser la referencia de un lugar turístico del Caribe para convertirse en la referencia no del prostíbulo, no del lugar de juego para los veraneantes norteamericanos, sino del pueblo que derrotó la invasión de Playa Girón, el pueblo que llevó la justicia social a todos los rincones de su país y afuera, el pueblo que educó y enseñó a leer y a escribir a un millón de cubanos, el pueblo que fue miliciano, el pueblo que estuvo dispuesto a inmolarse en una guerra nuclear, el pueblo que envió a medio millón de sus hijos a cumplir misiones internacionalistas, el pueblo que graduó a decenas de miles de jóvenes del Tercer Mundo en sus escuelas, el pueblo que levantó su voz siempre que fue necesario en nombre de los pobres y los desposeídos, el pueblo que ayudó a fundir, ayudó a unir, ayudó a convertir la voz de los desposeídos y de los pobres del planeta en la voz que se oyera, en el nombre de Cuba, en la Asamblea General de las Naciones Unidas y en todos los foros. Ese es el resultado de su magisterio, de su contribución.”

 

Por ello, hoy podemos sentirnos ufanos de que su obra haya fructificado y que sus enseñanzas sigan siendo provechosas para las nuevas generaciones de jóvenes que cursan estudios en este Instituto Superior de Relaciones Internacionales que con honor lleva  el nombre del Canciller de la Dignidad.

 

 

Fuentes Consultadas:

-            “Raúl Roa Canciller de la Dignidad”, Ediciones Políticas, Editorial Ciencias Sociales, 1986.

-            “El Canciller”,  Manuel González Bello. Editorial Ciencias Sociales, 1999

-            “Raúl Roa, Periodismo y Revolución”, Orlando Oramas León, Editora Política, 1983.

-            “Retorno a la Alborada”, 3ra. Edición,  Raúl Roa,  Editorial Ciencias Sociales, 1977.

-            El fuego de la semilla en el surco, Raúl Roa, Editorial Letras Cubanas, 1982.

-            Revista Bohemia No. 53, 1959

-            Diario Granma, 8 de julio de l982

-            Discurso XL Aniversario MINREX, Felipe Pérez Roque

-            Discursos y Cartas personales varias.

 

TOMADO DE: EmbaCuba Egipto