¡Libertad a los 5 héroes, Rompamos  el silencio, que el mundo conozca la verdad !

 

CUANDO EL TERROR ATACÓ  EN NOVIEMBRE

Alfabetización

Manuel Ascunce Domenech

           No les importaron sus dieciséis años ni la infancia aún latente en sus pupilas. Sus jefes de la CIA les habían ordenado detener la Campaña de Alfabetización y acabar de una sola vez con aquellos jóvenes que habían invadido la montaña, cargados de libros y esperanza, enfrascados en  la  noble misión de llevar la enseñanza al campesino humilde y abrirle el destino de forma promisoria. No les importó, pues,  la niñez de Manolo cuando fueron a buscarlo aquella noche  en la pequeña casita de la finca Palmarito, ubicada en barrio rural de Río Ay, en Trinidad. Amparados en la oscuridad, varios miembros de la banda de Julio Emilio Carretero, entre los que se encontraban Pedro González y Braulio Amador Quesada, llegaron hasta el bohío del campesino Pedro Lantigua, movidos por malas intenciones.

— ¡Pedro, Pedro, abre la puerta! — conminaron al morador de la vivienda—, somos tus compañeros.

El campesino no abrió de inmediato. Recelaba de esta visita y sólo cuando pudo verlos vestidos de milicianos se decidió a hacerlo. Como fieras se abalanzaron sobre él y le arrebataron el fusil. El niño alfabetizador salió entonces del cuarto y encaró a los bandidos a pesar de los ruegos de  Mariana, la esposa de Pedro, quien dijo que era un hijo de ellos.

— ¡Yo soy el maestro!—exclamó sin temor en la mirada.

Fue tal vez aquel asomo de hombría en el gesto del niño lo que ofendió a los criminales o el hecho de que ya habían decidido asesinarlo, pero eso fue suficiente para que descargaran sobre él todo el odio acumulado contra la Revolución.

— ¿Conque tú eres el maestro comunista?—dijo uno de los bandidos mientras golpeaba a Manolito sin consideración. Pedro y el joven trataron de defenderse, pero fueron arrastrados a la noche oscura, cargada de dolorosos y amenazadores presagios.

La muerte entonces acabó con la vida del joven maestro y de su alumno campesino. Los bandidos les torturaron sin piedad y luego los colgaron de un árbol en  Limones Cantero. Nadie sabe si Manuel Ascunce Domenech tuvo tiempo para pensar en su madre, Evelia, antes de morir. Atrás quedaron las cartas enviadas a ella, escritas con trazos pequeños y firmes, en las que le hablaba de su pasión por la obra que realizaba y del amor que le profesaba. Atrás quedaron también los momentos en que, con diligencia admirable, ayudaba a los Lantigua en las tareas de la casa y del campo. Atrás quedaron también sus sueños de adolescente, el amor tempranero y la vida misma. Cuando llegó gente amiga al lugar, encontraron los cuerpos torturados y sin vida colgando de aquel árbol avergonzado. Rubén Darío Zayas, juez instructor, describió la dantesca escena del crimen:

“Cuando llegamos al árbol, miré a Manuel;  pelo negro, algo caído hacia la frente; los labios ennegrecidos, la lengua con un intenso color violáceo, con coágulos en sus bordes. Me llama la atención que no estuvieran sus globos oculares fuera de las órbitas, como sucede siempre en los ahorcados; ello me convenció que lo habían colgado casi muerto. Tenía también un profundo surco en el cuello, fractura del cartílago laríngeo, perceptible a la palpitación del forense.”

“Examinados sus órganos genitales, se observan contusiones, indicativos de haber sido sometidos a compresión y distorsión. Catorce heridas punzantes de distintos grados de profundidad.

“A su lado estaba Pedro Lantigua: cabellos castaños, algo rojizos; hombre fuerte, el rostro cubierto de manchas, todo rígido, muestras visibles de haber luchado contra sus asesinos y señales de haberlo arrastrado muchos hombres, golpes, un surco equitómico en el cuello.”

Ese triste 26 de noviembre de 1961, día en fueron asesinados el maestro casi niño y su alumno campesino, el terror se ensañó en la inocencia y en el futuro de la Patria. Ambos pasaron a integrar la vergonzosa cifra de los 549 asesinados por los bandidos terroristas en el campo cubano. Junto a esos muertos, también hubo 200 incapacitados. Ese crimen fue parte del rosario de actos terroristas promovidas por los bandidos financiados por el gobierno norteamericano. Detener a la Revolución y el proceso transformador que la misma desarrollaba en el campo,  fue tarea asignada por la CIA y el gobierno norteamericano a  los 3 999 bandidos agrupados en 299 bandas armadas. Ellos sumieron de dolor a muchas familias cubanas, dejando viudas y huérfanos a lo largo del país. Las armas con las que asesinaron y mutilaron les fueron enviadas desde Estados Unidos; las órdenes también venían  de allá. Noviembre supo, pues, de las muertes de Manuel Ascunce Domenech y de Pedro Lantigua, pero conoció también de otros crímenes y atrocidades perpetrados contra los cubanos. La historia de tanto noviembre lleno de muerte y desolación no difiere de los otros meses transcurridos durante cuatro décadas. Ha sido la lucha sin cuartel del terrorismo contra un pueblo cuyo único delito ha sido aspirar a una vida mejor. Basta conocer, por tanto, algunos hechos que atestiguan este criminal accionar de los terroristas financiados por Estados Unidos, de cuyas acciones jamás se ha dignado la prensa norteamericana a hacer alusión alguna.

●   El 10 de noviembre de 1959 fue saboteada una planta de bombeo de agua potable en Matanzas.

●   El 14 de noviembre de 1960 fue colocada una bomba en un comercio del barrio habanero de Marianao.

●   Tres días después, el 17 del mismo mes, estalló una bomba en la tienda habanera  “Los Precios Fijos”.

●   El 21 de noviembre de 1960 fue asesinado por elementos contrarrevolucionarios el administrador de una finca situada en Trinidad, Sancti Spíritus.

●   El 23 de ese mismo mes estalló una bomba en uno de los salones del Banco de Seguros Sociales (BANSESCU), en el Capitolio Nacional de la Habana.

●   El 25 de noviembre ocurrió un incendio provocado en el frigorífico de Jovellanos, en Matanzas.

●   El 10 de noviembre de 1961 fue asesinado un campesino en Pinar del Río por bandas contrarrevolucionarias.

●   El 13 de noviembre de ese mismo año se produjo un ataque terrorista contra la refinería “Ñico López”, situada en la Habana. Esta acción provocó  la muerte del miliciano Eliseo Arias Hernández y heridas a Julio Castellanos y a José Gómez Conde.

●   El 15 de noviembre fue asesinado un obrero por disparos realizados por elementos terroristas.

●   El día 17 fueron atacadas dos tiendas rurales en Matanzas, así como una escuela.

●   El 23 de noviembre de 1961 fue herido un miliciano cuando fue asaltada una mina de asfalto en Ciego de Ávila.

●   Dos días después, el 25 de noviembre, fue asesinado el campesino Ricardo Días Rodríguez en Trinidad. Los asesinos lo ultimaron en presencia de su esposa y de tres pequeños hijos.

●   Un día después del asesinato del joven alfabetizador Manuel Ascunce Domenech y de su alumno, el campesino Pedro Lantigua, fue asesinado en Matanzas el miliciano Eleno Carralero Torrejón.

●   El 2 de noviembre de 1962 fue asesinado un trabajador forestal de Cienfuegos, cuando un grupo terrorista atacó y saqueó una granja de la zona, incendiándola y provocando otros significativos daños en campos de caña.

●   El 11 de noviembre de 1963 fue asesinado el maestro Roberto Gutiérrez Rodríguez por bandidos terroristas.

●   El 13 de noviembre de 1965, una lancha artillada procedente de los Estados Unidos atacó el litoral habanero de Miramar, empleando armas de grueso calibre. Esta acción, reivindicada por elementos  terroristas radicados en Miami y pertenecientes a las agrupaciones RECE, Comandos-L y Movimiento 13 de Noviembre, provocó heridas a una ciudadana y cuantiosos daños materiales.

●   El 13 de noviembre de 1966 fueron lanzadas varias bombas desde un avión procedente de Estados Unidos contra objetivos económicos situados en la bahía de Matanzas.

●   El 10 de noviembre de 1974 se intentó asesinar al embajador cubano en México mediante el empleo de un artefacto explosivo. Esta acción formó parte de la guerra implementada por grupos terroristas contra intereses y objetivos cubanos en el exterior.

●   El 7 de noviembre de 1976 fue colocada una carga explosiva que detonó frente a las oficinas de Cubana de Aviación en Madrid, España. El estallido ocasionó cuantiosos daños materiales en casas y edificaciones colindantes.

●   Cinco días después, el 12, explotó una bomba en la embajada cubana en Colombia.

●   El 9 de noviembre de 1978 explotó una bomba en las afueras de la Misión cubana ante la ONU, en Nueva York.

Como puede apreciarse al relacionar estos hechos,  noviembre trae para muchos cubanos graves recuerdos y una sensación de pérdida que nunca sanará del todo. Los hogares de los hombres asesinados por criminales terroristas jamás volverán a ser los mismos. Los hijos crecieron añorando la caricia del padre ultimado por la mano artera de hombres sin piedad y con la convicción de que nunca pagarán sus culpas mientras vivan en Estados Unidos. Pero con noviembre nos viene también no sólo la tristeza por los maestros matados a mansalva, por los campesinos ultimados y  por los milicianos asesinados a traición mientras protegían los bienes del pueblo. Noviembre también nos trae la certeza de que la contrarrevolución y el  terrorismo se equivocaron completamente con sus acciones criminales. El pueblo sufrió, es cierto, pero continuó el camino abonado por la sangre de sus muertos.  Al asesinar a Manolo quisieron acabar con el joven José Martí que había en él, dispuesto a dar por los otros lo mejor de sí mismo. Si uno guardó  a los dieciséis años prisión injusta por sus ideas un siglo atrás, el joven alfabetizador entregó su vida en aras de validar los principios martianos sobre la necesidad de educar a otros hombres a costa de cualquier sacrificio. Hoy ambos viven en el pueblo y en sus obras.

Manuel Ascunce Domenech se multiplicó y muchos jóvenes se hicieron maestros, agrupándose en el Contingente Pedagógico que lleva su nombre y del que surgieron miles de educadores. Dentro de ese grupo de jóvenes descolló un adolescente que, años después, ocuparía la digna trinchera de combatir, en las propias entrañas del monstruo, a quienes promovieron y ejecutaron crueles actos terroristas como el que acabó con la vida de Manuel Ascunce. Me refiero a René González Sehwerert, uno de los cinco cubanos antiterroristas prisioneros injustamente en  cárceles norteamericanas, quien en 1973 ingresó en el segundo contingente del destacamento "Manuel Ascunce Domenech", estudiando en el curso especial como trabajador y comenzando a impartir clases entre 1973 y 1974 en la ESBEC República Socialista de Rumania, en Alquízar.

Noviembre conoce estas cosas y sabe que, a pesar de todo, vendrán otros meses de lucha para los cubanos, tan capaces de ofrecer lo mejor de sí para hacer realidad la utopía magnífica de un provenir seguro y tangible. Esa es la única verdad. No hay otra.

 

Fuente: www.siporcuba.it