¡Libertad a los 5 héroes, Rompamos  el silencio, que el mundo conozca la verdad !

 

 

Las primeras chispas de Cuba

 

Un día antes del histórico alzamiento de La Demajagua se dispararon los primeros proyectiles por la independencia nacional. Céspedes no estuvo ajeno a los sucesos y también fue protagonista aquel octubre de otros episodios dignos de contarse.


Osviel Castro Medel y Aldo Daniel Naranjo

 

No porque nademos un día y otro día en la Historia conocemos toda la corriente arrolladora de sus aguas. Muchos hoy en Cuba —digamos— saltan sorprendidos al enterarse de que el 9 de octubre de 1868, horas antes de comenzar “oficialmente” la guerra contra España, se dispararon las primeras balas por la independencia.

Quizá sea entendible: fue tan grandioso lo acaecido en La Demajagua y tan luminosa la figura de su protagonista principal —Carlos Manuel de Céspedes— que eso ha opacado con facilidad muchos de los detalles previos a la inolvidable jornada del 10 de Octubre.

Pero a tales hechos anteriores, aparentemente menores, no podemos vestirlos con las ropas de la omisión o la indiferencia. Merecen una mínima mención siempre, sobre todo porque sus personajes centrales tuvieron estrecha relación con el Padre de la Patria.

Pedro María de Céspedes, por ejemplo, era hermano del Iniciador y fue precisamente quien encabezó lo que algunos historiadores consideran el primer alzamiento, el 9 de octubre de aquel año vertiginoso.

Este patriota reunió a unos 400 hombres en las proximidades de la hacienda Caridad de Macaca, y al mediodía de esa fecha atacó con modestas armas la pequeña guarnición de Vicana; después se apoderó del poblado.

El acontecimiento sirvió incluso de pretexto para que en 1975 la destacada investigadora Adolfina Cossío publicara su folleto El alzamiento del 9 de octubre de 1868 en Macaca, en el cual se abordan pormenores de estas acciones.

Otros expedientes relacionados con el referido levantamiento se encuentran en el archivo de Segovia, España, recinto donde aparecen plasmados con tinta algunos interrogatorios a independentistas hechos prisioneros por aquellas fechas.

A pesar de esas pruebas documentales el acto de Pedro María (autor de la frase “¿Y para qué esperar a mañana?”) ha quedado un tanto enganchado en el olvido.

La historiografía nacional debería en estos tiempos ahondar más en su figura y en la de otros complotados que ese 9 de octubre demostraron apego a las ideas libertarias.

 

OTRAS INSURRECCIONES

La chispa del hermano de Carlos Manuel no resultó la única antes del gran fuego del 10 de Octubre.

Los estudiosos del tema señalan otros tres alzamientos en esta región en vísperas del grito independentista: en Guá, Portillo y Jibacoa. Los jefes respectivos de estos movimientos fueron Manuel de Jesús Titá Calvar —con unos 150 hombres—, Manuel Codina Polanco (quien lideró similar cantidad de efectivos) y el dominicano Luis Marcano Álvarez, al frente de 300 sublevados.

Un quinto levantamiento se produjo en la zona desde El Caño hasta Guatívere, encabezado por Ángel Maestre y Juan Fernández Ruz.

Algunos también mencionan como insurreccionado el día 9 en San José de Blanquizal a Bartolomé Masó Márquez, quien reunió gran número de partidarios y hasta trató de capturar un correo del gobierno español que pasaba de Manzanillo a Bayamo.

Estos levantamientos, a diferencia del de Macaca, no llevaron a acciones bélicas y estuvieron marcados por el reclutamiento de hombres y el acopio de armas caseras o de cualquier otro tipo.

La gran pregunta de los neófitos es: ¿Actuaron esos jefes inmaduramente como caudillos en alarde de bravura?

La respuesta, después de 137 años justos, y apartando las complejidades y enredos de un proceso como este, es NO. Todos estaban a las órdenes de Carlos Manuel de Céspedes, todos veían en él al líder natural más allá de nombramientos formales.

Él mismo, enterado de que la conspiración fraguada durante años había sido delatada, envió emisarios a estos lugares para que adelantaran los alzamientos, fijados entonces para el 14 de octubre. Tal vez alguno de los implicados en la revuelta no entendió bien los mandatos del bayamés y agitado por las circunstancias se adelantó un poco a los acontecimientos.

Aunque una prueba irrefutable del respeto hacia el Padre de la Patria es la presencia de Titá Calvar, Masó, Maestre y Fernández Ruz en La Demajagua ese día 9. Ellos estuvieron cerca del Héroe de San Lorenzo a la hora magnánima de la proclama independentista en el siguiente amanecer.

Las palabras de Ángel Maestre despejan cualquier duda sobre la jerarquía del jefe: “A las dos de la tarde (del 9 de octubre) recibimos un expreso de Céspedes para que nos concentráramos en La Demajagua, y seguidamente hicimos rumbo hacia ese punto…”.

 

LOS AGENTES Y LA BANDERA

Hay otros asuntos relacionados con la fecha inaugural de las luchas cubanas que no han sido muy divulgados. Pocos saben, por ejemplo, que Carlos Manuel había infiltrado previsoramente agentes dentro de las filas españolas.

Estos se nombraban Pedro Nuño y Germán González; el primero era teniente y el segundo comisario de policía en Manzanillo. Ambos eran masones como él.

Este factor influyó algo para que el abogado de Bayamo, inscripto en una lista negra junto a Perucho Figueredo, Francisco Vicente Aguilera y otros, no fuera apresado antes de irse a las armas.

Justamente en la noche del 9 de octubre, cuando ya los mandos hispanos sabían que se cocinaba algo grande en La Demajagua, Nuño, integrante de una patrulla nocturna, pidió “autorización para explorar” y retornó diciendo que en el ingenio azucarero no había ni una lucecita.

Mintió de punta a cabo; allí emanaba tanta luz que quemaba en la distancia.

Sin duda, estos agentes mantuvieron al tanto a Céspedes sobre los planes de los uniformados de Manzanillo, mandados por el comandante Fernández de la Reguera, quien fue bastante cauteloso y no tuvo valor para apresar al Libertador cubano.

Otro detalle sin la amplificación necesaria ha sido el de la confección de la bandera. La diseñó Céspedes a lápiz y la bordó su amante Candelaria Acosta (Cambula), una bella joven que llegó a donar su vestido azul celeste con tal de aportar un trozo de tela para el estandarte.

La enseña de Céspedes, pabellón insurrecto hasta Guáimaro, medía un metro y 36 centímetros de largo y un metro y 25 centímetros de ancho, quedó casi cuadrada, tenía tres colores: rojo, blanco y azul.

Fue terminada apresuradamente el mismo 10 de Octubre con telas de la misma casa, pues cuando Céspedes mandó un hombre a Manzanillo a buscar la materia prima este retornó con una noticia inquietante: la población está en máxima alerta.

Ese estandarte cespediano no ha dejado de flotar vigoroso en Bayamo o Manzanillo.

 

LA GLORIA DE LOS SEGUIDORES

La estatura de aquellos seguidores de Céspedes creció después de La Demajagua. Todos murieron adheridos a la almohada espumosa de la independencia.

Pedro María de Céspedes, nacido en 1825, alcanzó los grados de general de brigada y fue fusilado en Santiago de Cuba tras ser capturado en la expedición revolucionaria del vapor Virginius en 1873.

Luis Marcano tuvo cuna en Baní el 29 de septiembre de 1831, llegó al grado de mayor general y al cargo de Segundo Jefe del Ejército Libertador. Cayó fulminado por un disparo a traición en mayo de 1870.

Manuel Codina, quien vio la luz en Manzanillo, fue también general de brigada, aunque después de la revisión de grados de Guáimaro quedó como coronel. Murió enfermo en Venezuela en un triste exilio.

Ángel Maestre, otro manzanillero, conoció igualmente el generalato y apagó sus ojos en México en marzo de 1895 después de una vida de luchas.

Juan Fernández Ruz peleó en las tres guerras. Murió en 1896 en Jagüey Grande a una avanzada edad y con el grado militar máximo en los hombros.

Por último Titá Calvar y Bartolomé Masó fueron grandes entre los grandes. Ambos llegaron al cargo supremo dentro de las filas independentistas: Presidente de la República en Armas. El primero, manzanillero, falleció en Cayo Hueso en 1895, a los 68 años.

Masó, nacido en 1830 en Yara, se codeó con las figuras más excelsas de nuestras luchas y murió en 1907 con un historial larguísimo.

Quiso el destino que estos dos patriotas tuvieran sus tumbas muy cercanas entre sí en la necrópolis de Manzanillo, próximas también a la de Francisco Javier de Céspedes, hermano del Iniciador, asistente a La Demajagua y coincidentemente Presidente de la República en Armas años después.

Desde ese lugar de eterno reposo siguen gritando por la independencia con el mismo vigor que lo hicieron no lejos de allí, un 10 de Octubre, a la sombra del Padre Fundador de la nación.

 

fuente: Juventud Rebelde.

 


Protesta de Baraguá: expresión de rebeldía y patriotismo

Por Yolanda Díaz Martínez, especialista del Instituto de Historia de Cuba/Especial para la AIN

Hacía ya más de nueve años que los cubanos, encabezados por Carlos Manuel de Céspedes, se habían lanzado a la manigua aquel glorioso 10 de octubre de 1868, en aras de lograr la independencia del yugo colonial español.

Para entonces algunos de los males que aquejaban a la revolución habían comenzado a profundizarse con preocupante intensidad.

Aun cuando se mantenía el patriotismo dentro de las filas insurrectas, las contradicciones generadas impedían el desarrollo de un plan único y coherente para lograr el triunfo definitivo; la falta de unidad había llegado en algunos casos al resquebrajamiento de la disciplina.

En esas circunstancias la duda comenzó a ganar espacio dentro del aparato político de la República. Paralelamente la administración hispana incrementó las operaciones militares, mientras que en lo político ofrecía perdón y olvido a quienes se entregaran o depusieran sus armas y odios contra España.

La dirección de la revolución comenzó a tambalearse en sus posiciones, a pesar de la intransigencia de algunos jefes cubanos y su fidelidad a los ideales patrióticos, actos que constituían un valladar para quienes veían la posibilidad de un proceso de paz con los españoles, sin que mediara el indispensable requisito de la independencia.

El 10 de febrero de 1878, el Comité del Centro --en representación de la autodisuelta Cámara de Representantes-- , de común acuerdo con el general Arsenio Martínez Campos, firmaba en San Agustín del Brazo el documento que ponía punto final a la Guerra Grande, conocido como Pacto del Zanjón.

Pero no todos asumieron el Zanjón como salida y muchos continuaron empeñados en la lucha en la parte oriental de la Isla.

Sin vacilación Antonio Maceo intentó serena y maduramente reorganizar el movimiento revolucionario sobre la base de un hecho político que sirviera de punto de partida para rescatar a la revolución de la crisis en que se encontraba, esto fue la Protesta de Baraguá. Fue la primera de las acciones políticas ejecutadas por el Titán para reavivar la lucha armada anticolonial.

En tanto se acercaba la fecha de la reunión citada con el general Martínez Campos, se dio a la tarea de contactar con los patriotas de las restantes regiones, a fin de concertar una acción común. A la vez, realizaba ingentes esfuerzos para rechazar todas las presiones y amenazas de los enemigos de la revolución para amedrentar sus fuerzas.

El 15 de marzo del 78 se realizó la entrevista entre los dos generales, y allí, entre halagos de su homólogo español, el general Antonio concretó su posición en pocas pero precisas palabras: "No estamos de acuerdo con lo pactado en el Zanjón; no creemos que las condiciones allí estipuladas justifiquen la rendición después del rudo batallar por una idea durante diez años y deseo evitarle la molestia de que continúe sus explicaciones porque aquí no se aceptan".

En medio de las circunstancias propendientes a una crisis del movimiento independentista cubano, la Protesta de Baraguá resultó la respuesta política que volvía a colocar en primer plano los objetivos básicos revolucionarios contenidos en el Manifiesto del 10 de Octubre y defendidos durante casi dos lustros por los combatientes cubanos: la total y absoluta independencia de Cuba y la definitiva abolición de la esclavitud.

La trascendencia de ese acto, máxima expresión del espíritu luchador de los cubanos, radica en demostrar que los jefes, oficiales y soldados sobre cuyos hombros se llevaron el peso y las penurias de aquella guerra, estaban dispuestos a continuar las acciones el tiempo que fuese necesario, en aras de lograr la victoria definitiva.

 

fuente: radio Cadena Agramonte

 

 



La Asamblea Nacional del Poder Popular

 

La Asamblea Nacional del Poder Popular, constituida en 1976, es el órgano supremo del Estado, como representante y expresión de la voluntad soberana de todo el pueblo.

Este órgano es el único en el país con potestad constituyente y legislativa. De entre sus diputados se elige al Consejo de Estado y a su Presidente.

Las asambleas de delegados del Poder Popular, constituidas en cada uno de nuestros municipios son los órganos superiores locales de poder del Estado, según la Constitución de la República. El Consejo de Estado es el órgano de la Asamblea Nacional del Poder Popular que la representa entre uno y otro período de sesiones, ejecuta sus acuerdos y cumple las demás funciones que la Constitución le atribuye.

El Presidente del Consejo de Estado es jefe de Estado y de Gobierno. Por tanto, el jefe del Gobierno cubano tiene que someterse a dos procesos electorales: primero, tiene que ser electo como diputado por la población, por el voto libre, directo y secreto, y después por los diputados, también por el voto libre, directo y secreto.

El Consejo de Ministros es el máximo órgano ejecutivo y administrativo de Cuba y constituye el Gobierno de la República. Está integrado por el jefe de Estado y de Gobierno, que es su Presidente, el Primer Vicepresidente del Consejo de Estado, los Vicepresidentes del mismo órgano y los ministros y presidentes de organismos afines.

Al constituirse la Asamblea Nacional del Poder Popular, ésta eligió a Fidel Castro Ruz, Presidente de los Consejos de Estado y de Ministros, cargos en los cuales ha sido ratificado desde entonces.


Fuente: ICAP

 

 


SALUD

En 1958 existían en el país 826 enfermeras y auxiliares de enfermería.

· En la actualidad existen 84.232.

· Por cada enfermera que había en 1958 tenemos hoy 101.

· En el año 1959 el país contaba con 8 modestas escuelas de enfermería.

· Actualmente cuenta con 24 politécnicos de la salud donde se forman enfermeras, 14 politécnicos de la salud solo de enfermería y dos escuelas emergentes, para un total de 40 centros de formación de enfermeras, que continuando sus estudios pueden alcanzar el título universitario de Licenciadas en Enfermería.

· En nuestro país había solo 9.000 camas en hospitales del Estado.

La tasa promedio actual de mortalidad infantil de América Latina y el Caribe es seis veces mayor que la de Cuba, que cuenta con uno de los índices más bajos del mundo. La mortalidad infantil en Cuba en 1959, por estimado, era de 60 por 1 000 nacidos vivos. En el año 2001 el país terminó con una tasa de 6,2 por 1 000 nacidos vivos. Eso significa una reducción del 90%. De mantenerse la mortalidad en 60 por 1 000 nacidos vivos, como antes de la Revolución, en los años transcurridos habrían perdido la vida 479 830 niños cubanos.

· En 1958 existían en el país 6 286 médicos. En 1962 quedaban 3 960. Un éxodo hasta esa fecha de 2 326, que continuó elevándose con posterioridad.

· De 157 profesores de la Facultad de Medicina en 1955, quedaban 16 en 1962. Actualmente el país cuenta con 67 128 médicos, lo que significa que por cada 167 habitantes existe un médico, el mayor índice de médicos por habitantes del mundo.

· En los países más ricos este índice es de un médico por cada 358 en Estados Unidos; por cada 437 en Canadá; por cada 330 en Francia; por cada 286 en Alemania; por cada 610 en el Reino Unido. En América Latina, por ejemplo, es de uno por cada 538 en México y uno por cada 909 en Chile, todos muy distantes de Cuba.

· Por cada médico que abandonó el país entre 1959 y 1962 existen hoy 29 médicos.

· La capacidad actual de las 22 Facultades de Ciencias Médicas que posee el país se eleva a más de 40 000 alumnos.

· En el año 1997 llegamos a tener 81 016 camas, que significó 7,3 camas por 1 000 habitantes. · A medida que avanzaron las acciones del médico y de la enfermera de la familia disminuyeron los ingresos hospitalarios y por ello el número actual de camas se eleva a 70 927, que equivalen a 61 927 camas más que las existentes en los hospitales del Estado en 1959. Los factores fundamentales que inciden en esta disminución se relacionan con una población más sana y con el inicio desde 1984 del ingreso en el hogar.

· De los 267 hospitales con los que cuenta el país, 62 son rurales. La atención a la salud se basa hoy fundamentalmente en el trabajo del consultorio médico de la familia, 4 158 de ellos laboran hoy en comunidades rurales y 974 en comunidades de montaña.

· El presupuesto de la salud pública en el año 2002 es 87,3 veces superior al de 1958.

· Desde el inicio de la Revolución hasta la fecha, 91 países han recibido ayuda de Cuba con la participación de 51 059 trabajadores de la salud.

· Hoy Cuba coopera simultáneamente con 61 países donde laboran 4 335 médicos y trabajadores de la salud. Solo a través del Programa Integral de Salud, surgido a raíz del huracán "Mitch" que azotó a Centroamérica y costó a los países de la región decenas de miles de vidas, presta apoyo médico en la actualidad a 21 países, con la participación de 2 878 médicos y técnicos de la salud.

· En la Escuela Latinoamericana de Ciencias Médicas estudian más de 6 000 jóvenes procedentes fundamentalmente de América Latina, becados por Cuba. En otros centros estudian cientos de jóvenes de África, Haití y el resto del Caribe.

· En la Escuela de Ciencias Básicas y Preclínicas "Victoria de Girón" han estudiado 46 463 alumnos desde 1962 hasta el año 2001. Aunque la gran mayoría eran cubanos, por sus aulas han pasado estudiantes de 55 países. La misma cuenta con 1 110 trabajadores, de los cuales 202 son profesores y 32 son investigadores. Existen dos Profesores de Mérito, 11 Profesores Consultantes, 31 Doctores en Ciencias, que significan el 17% del claustro de profesores. 74 miembros de su colectivo han cumplido misiones internacionalistas.

· Con el programa de asistencia médica, se elevó los fondos destinados a la salud pública de 21 millones a 103 millones de pesos.

 

Fuente: ICAP.