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Fabio Di Celmo, su recuerdo en el corazón de Cuba

 

(Entrevista a Justino di Celmo, padre de Fabio.  prog.1  -  prog.2)

 

Roberto Pérez Betancourt (AIN)

El joven turista italiano Fabio Di Celmo fue la víctima mortal del atentado terrorista que, organizado y financiado por criminales de largo expediente al servicio de la Agencia Central de Inteligencia norteamericana, tuvo lugar el cuatro de septiembre de 1997.

Una década ha transcurrido desde que el más pequeño de los hijos del empresario Giustino Di Celmo muriera al estallar una bomba en el lobby del hotel Copacabana, en ciudad de La Habana.

La acción formó parte de un siniestro plan concebido por Luis Posada Carriles para ataques terroristas contra hoteles cubanos.

"Haber vivido en Cuba, viendo felices a los niños sin que ninguno muriera de hambre o mendigando monedas, limpiando los cristales de los autos o vendiendo periódicos, convirtieron a mi hijo en comunista", afirmó Giustino, en recientes declaraciones a la prensa cubana.

Este hombre ha dedicado la última década de su vida a difundir la verdad sobre el terrorismo contra Cuba y a solidarizarse con la causa de los Cinco cubanos injustamente prisioneros en EE.UU. desde hace nueve años, precisamente por combatir al terrorismo que desde Miami se fragua contra la Antilla Mayor.

Fabio creció en la misma casa donde había nacido el primero de junio de 1965, en el municipio de Génova Pegli, en la famosa Ribera de las Flores de la Costa Azul italiana, donde su recuerdo sigue vivo en los vecinos que allí aprendieron a quererlo.

A los dieciocho años alcanzó el título de Bachiller. Después realizó estudios superiores de inglés y francés, terminó el Servicio Militar y a los veintidós años visitó países europeos y americanos, y estableció residencia temporal en Canadá, dispuesto a proseguir la carrera empresarial.

Los Di Celmo arribaron a Cuba por vez primera en 1993 y el contacto con el pueblo cubano impactó en el joven Fabio, quien de inmediato quedó atrapado por el calor humano que percibía en el trato cotidiano con otras personas.

Aquel trágico septiembre departía en el hotel Copacabana con amigos italianos, cuando una llamada telefónica lo atrajo hasta el lobby, sin imaginar que una mano mercenaria al servicio del terrorismo contra Cuba había colocado allí un artefacto explosivo.

"Una esquirla metálica apagó para siempre la vida de Fabio, el más pequeño de los Di Celmo, un joven lleno de los sueños y de esperanzas", escribió el padre.

El hecho se inscribe en la larga relación de crímenes abominables auspiciados y ejecutados por la mafia terrorista y la CIA, que es menester denunciar una y otra vez para que personas honestas en todas partes del mundo se sumen al empeño de encarcelar a los grandes culpables, hoy libres en Estados Unidos, y lograr verdadera justicia.