¡Fin al Bloqueo Politico, Comercial y Financiero de EE.UU. contra Cuba!

 

 Rubén Martínez Villena

Apasionante protagonista de la historia cubana


Tomado De: cultura@trabaja.cip.cu, http://www.cubaliteraria.cu

Rubén Agnelio Martínez Villena, Nació en el poblado de Alquízar, provincia de La Habana, el 20 de diciembre de 1899. Se graduó de Bachiller en Ciencias y Letras en el Instituto de La Habana en el año 1916. En 1922 concluyó la carrera de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana. Trabajó en el bufete de Fernando Ortiz. Sus primeras colaboraciones en publicaciones periódicas datan de 1917, en la revista Evolución. Fue la figura más destacada de los participantes en la Protesta de los Trece, con la cual se inició en la labor política. Redactó el manifiesto de protesta. Participó en la organización de la Falange de Acción Cubana. Se vinculó al Movimiento de Veteranos y Patriotas. Figura principal del Grupo Minorista. Autor de la mayoría de los documentos y manifiestos que emanaron de dicho grupo. Su pensamiento y accionar político se fueron radicalizando rápidamente y de una posición ideológica reformista avanzó hacia el marxismo-leninismo. Volcó toda su actividad en la Universidad Popular “José Martí” y por esa vía se acercó al proletariado. Se dio a la tarea de organizar a los sindicatos en una sola organización obrera: la CNOC. Miembro fundador de la Liga Antiimperialista y de la Liga Anticlerical. En julio de 1927 fue incluido en el “proceso comunista”. En septiembre de ese año ingresó en el Partido Comunista y llegó a ser miembro de su Comité Central. Desde ese momento y hasta su muerte, ocurrida en La Habana el 16 de enero de 1934, tras padecer de tuberculosis, se dio por entero a la lucha contra Gerardo Machado. Dirigió huelgas, entre ellas la de agosto de 1933, que concluyó con la caída del tirano. Dirigió las revistas antiimperialistas Venezuela Libre(1925) y América Libre(1927). Sus últimos esfuerzos los entregó a la preparación del Cuarto Congreso de la CNOC. Cultivó la poesía, pero, en vida, no llegó a publicar libros. En 1936 vio la luz su poemario La pupila insomne. Sus cuentos, críticas y crónicas fueron recogidos en un volumen en 1940 bajo el título de Un nombre. En 1964 la Unión de Escritores y Artistas de Cuba publicó la Orbita de Rubén Martínez Villena. Su vida y obra revolucionaria fueron biografiadas por Ana Núñez Machín en el libro titulado Rubén Martínez Villena, aparecido en 1971, que ha tenido varias reediciones.

En la madrugada del 16 de enero de 1934 murió, con los pulmones destrozados, Rubén Martínez Villena, uno de los más apasionantes protagonistas de nuestra historia. No tenía vocación de mártir, afirma su biógrafa Ana Núñez Machín: Tenía madera de héroe

Rubén Martínez Villena andaba con la muerte a cuestas. Podía adivinarla, tocarla casi, sentirla anidando en sus pulmones, creciendo lenta, implacable.

Rubén sabía que más temprano que tarde la muerte lo cubriría todo con hermético misterio.

Tenía tuberculosis, que es como tener mil manos apretando dentro del pecho; dolor que desgarra y ahoga, tortura indescriptible.

Vivió sus últimas horas en el sanatorio La Esperanza, donde era atendido con especial esmero por su amigo, el doctor Gustavo Aldereguía. No perdió nunca su sentido del humor, la intrepidez de tutearse con la enfermedad: después de rebasar un fuerte ataque de disnea le ofrecieron un melocotón. Lo aceptó sonriendo: “vale la pena comerse un melocotón antes de morir”. Tuvo fuerzas también para jugar una partida de ajedrez.

Y cuando Aldereguía vino a visitarlo, a eso de las dos de la madrugada, estuvieron hablando un rato sobre la situación nacional, complicadísimo panorama de inestabilidad política, convulsión social, huelgas, levantamientos, incertidumbre.

Unas horas antes de morir, sin preocuparse en lo absoluto por su estado físico, Rubén Martínez Villena seguía siendo protagonista activo de su tiempo.

A las cuatro y media de la mañana, según reseñó el matutino Luz en su edición del día siguiente, la muerte venció. Después de otro ataque de disnea, más intenso que todos los demás, dejó de existir el poeta de exquisita sensibilidad, el hombre de acción, el hijo y esposo amantísimo, el martiano y marxista, el organizador de los obreros, el cubano honrado e íntegro, Villena mártir.




LUZ DE MEDIODÍA

En uno de esos pasajes de la historia que parecen pura leyenda, el Generalísimo Máximo Gómez carga a Rubén Martínez Villena, entonces muy pequeño; lo mira fíjamente a los ojos y profetiza: este niño brillará con luz de mediodía. Tan intensa fue esa luz, en efecto, que 72 años después de su muerte Villena sigue siendo uno de los más socorridos ejemplos de intelectual revolucionario y luchador perseverante.

“Junto con Julio Antonio Mella, Rubén es el portaestandarte de una generación de extraordinarios hombres, entre los que se encuentran algunos de nuestros más ilustres héroes e intelectuales” —afirma Ana Núñez Machín, investigadora, periodista y poetisa, que ha dedicado buena parte de su vida y su obra a hacer pública las de Villena.

“Eran dos criaturas excepcionales y tenían muchas cosas en común: gran inteligencia, sentido del deber y el sacrificio, honradez, valentía, sensibilidad, carácter, capacidad organizativa y visión... La diferencia era puramente física: Mella era fuerte, alto, lleno de salud. Rubén era un hombre enfermo, débil, pálido y ojeroso.”

Quizás sus dolencias le acerquen al ideal romántico del poeta que muere mustio y joven, con la cabeza llena de sueños que un cuerpo enfermo no pudo realizar. “Pero Villena nunca dejó de hacer lo que creyó su deber, aunque pusiera en peligro su salud y su vida”, aclara.

“Detrás de esa apariencia enfermiza, había un hombre muy valiente, porque hay que serlo para discutir frente a frente con un asesino como Gerardo Machado, decirle: Usted no debería hablar de comunismo, porque no sabe lo que es el comunismo (lo de asno con garras lo dijo después, si se lo hubiera dicho en la cara, no habría salido con vida de allí).

“Detrás de esa aparente debilidad, había un hombre enérgico: Protesta contra la corrupción, polemiza, ingresa en el Partido Comunista, escribe, orienta, discute, educa, ¡organiza la primera huelga contra Machado! Condenado a muerte por el dictador, sale de Cuba exiliado.

Pero ya iba gravemente enfermo.” ¿Hasta qué punto Villena era consciente de que, violentando su salud, se exponía a una muerte segura? ¿Hizo bien no tomando todas las medidas para cuidarse, aunque implicaran un relativo alejamiento de la lucha más directa? ¿Asumía con tanta naturalidad su muerte? Ana Núñez Machín, no sin advertir

que hay muchos aspectos polémicos en la vida de Villena, intenta algunas respuestas.



MADERA DE HÉROE

¿Tenía Rubén vocación de mártir?

“En algún momento él dijo que una revolución necesita víctimas, y también necesita servidores de acero. No creo que se considerara víctima. En realidad fue un servidor de acero de la Revolución. Por eso pienso que nunca tuvo vocación de mártir, más bien de héroe, que es otra cosa. Cuando se convenció de que no tenía cura, decidió regresar a Cuba; pero no para morir, sino para luchar, para seguir siendo útil.”

Sin embargo, en su obra no son pocas las referencias a la muerte.

“Hay que tener en cuenta que el dolor lo marcó siempre. Primero por la temprana muerte de su madre (1922), que lo afectó mucho. Y también, faltara más, por su enfermedad. Una enfermedad pulmonar es terrible. El enfermo generalmente muere ahogado.

Aunque él no temía tanto al dolor físico como a la imposibilidad de hacer más. En una de las cartas a su esposa le dice que si no fuera un hombre moribundo haría muchas cosas, porque en ese momento se sentía con la fuerza mental para realizar todos sus sueños. Por eso, más que temerle, él despreciaba la muerte.”

No le faltaron súplicas, advertencias y hasta fuertes regaños de familiares, amigos y compañeros de lucha para que cuidara más de su salud. ¿Debió ignorarlos?

“En determinado momento él reconoció que, por el bien de la causa, debió haberse cuidado más. A su esposa, en otra carta, le dice: si te hubiera hecho caso... Pero estaba tan inmerso en la lucha. Esa era su vida. Pedirle que descansara era como pedirle que lo abandonara todo. Hay una carta desde el sanatorio en la Unión Soviética (lo habían enviado para que se recuperara, pero él no pasó allí más de diez meses) donde dice: estoy aburrido de mí mismo.

Tanta paz, tanta monotonía, lo sacaban de quicio. Extrañaba la lucha, el enfrentamiento, el día a día con los obreros.

Cuando en el invierno cerraron temporalmente el sanatorio, fue a Moscú, y en vez de descansar se puso a trabajaren la KOMINTERN. Ese era su temperamento, no podemos medirlo con el rasero de la mayoría de los hombres.”



REALIDAD Y MITO


Precisamente ser un hombre que no puede ser medido por raseros convencionales, hace de Rubén Martínez Villena pasto del mito. Núñez Machín, como tantos otros historiadores, no quiere divinizar a los héroes. “Se dice que Rubén solo fue capaz de dirigir, desde su lecho, la huelga general contra Machado. Es cierto que fue la cabeza pensante.

Pero hay que tener en cuenta que estaba postrado; no podía ver lo que estaba pasando. Él dependía de los informes de sus compañeros; algunos de los cuales, incluso, eran contradictorios.

En un momento llegó a decir: ¡me van a volver loco! No creo que sea exacto afirmar que él solo dirigió la huelga, como dicen algunos.

La organizó, eso sí; la pensó. Pero no dirigió todas las acciones. No podía, si se estaba muriendo”.

La investigadora tampoco está de acuerdo con la idea de que Villena—que en su polémica con Mañach afirmó que no se consideraba un poeta—no creyera en el rol emancipador de la poesía, de la buena poesía. “Mucho después de esa famosa polémica, él recibe los poemas de Guillén y hace un análisis desde el punto de vista literario. Por otra parte, siempre luchó por el enriquecimiento cultural de los obreros, en el que, obviamente, la poesía representaba un factor importante”.

No puede decirse, añade, que él renunciara a la poesía. “Sí dejó, al menos hasta donde se sabe, de escribir poemas intimistas. Pero siguió escribiendo versos consagrados a la lucha de los trabajadores. Hay algunos poemas de esta etapa que son excelentes, desde el punto de vista estilístico, literario. Porque, lo reconociera o no, siguió siendo un poeta —un poeta siempre es un poeta— y hasta en su correspondencia, en las hermosísimas cartas que le enviaba a su esposa Asela, se puede descubrir su voz lírica, su extraordinaria capacidad de amar.

Sin ese amor inagotable, Rubén no hubiera sido el gran hombre que hoy amamos”.

 


RUBÉN: CRONOLOGÍA MÍNIMA


20 de diciembre de 1899: Nace en Alquízar, provincia de La Habana.

Septiembre de 1916: Matricula en la Universidad de La Habana.

1919: Comienza a trabajar como auxiliar en un bufete.

1922: Se gradúa de abogado.

18 de marzo de 1923: Participa en la Protesta de los Trece.

1° de abril de 1923: Es uno de los fundadores de la Falange de Acción Cubana.

3 de noviembre de 1923: Asiste a la inauguración de la Universidad Popular JoséMartí. Es su secretario.

14 de julio de 1925: Forma parte de la directiva de la Liga Antimperialista de Cuba, junto con

Mella y Carlos Baliño.

Septiembre de 1927: Ingresa en el Partido Comunista de Cuba. Asesora a la Confederación

Nacional Obrera de Cuba.

20 de marzo de 1930: Dirige una huelga general contra Machado.

Abril de 1930-mayo 1933: Años de exilio.

13 de mayo de 1933: Regresa a Cuba con pasaporte falso.

12 de agosto de 1933: La huelga general que organiza derroca a Machado.

21 de diciembre de 1933: Ingresa en el sanatorio La Esperanza.

16 de enero de 1934: Muere en La Habana.